martes, 13 de agosto de 2013

LA ORACIÓN: UN MEDIO PARA ACERCARSE A DIOS.

LA ORACIÓN: UN MEDIO PARA ACERCARSE A DIOS.
Un gran esfuerzo.
 DIOS QUIERE DARTE LA MEDALLA DE ORO DE LA SANTIDAD ! ESFUÉRZATE !
"Por eso, queridos hermanos, mientras esperan estos acontecimientos, esfuércense para que Dios los halle sin mancha y sin defecto, y en paz con él." 2 Pedro 3:14 (NVI)
En las olimpiadas de Londres 2012 Usain Bolt fue el más rápido de la tierra, bajando el record olímpico en la carrera de los 100 metros. Este hombre corrió diez metros por segundo. Es lo que yo tardo en escribir una palabra en mi teclado. Pero no es un improvisado. Desde la anterior olimpiada, cuando asombró al mundo con su velocidad, Usain ha estado trabajando cada día con ese objetivo. Él deseaba bajar unas milésimas de segundos su record. ¡Milésimas de segundo! Y por algo tan pequeño estuvo trabajando y esforzándose diariamente durante cuatro años. Sacrificio silencioso, mucho entrenamiento, sudor, cansancio, estirar la resistencia al límite, régimen de comida, sin excesos, poca diversión, mucho esfuerzo por unas milésimas.
¿Cuántas veces se habrá preguntado este hombre si valía la pena tanto esfuerzo durante esos cuatro años?, ¿cuántas veces acalambrado, habrá deseando dejar de entrenar; levantarse y seguir dolorido su rutina?, ¿Cuántas veces habrá querido abandonar? Jamás lo sabremos. Solo podemos saber algo. No bajó los brazos, se esforzó más que nadie y alcanzó su objetivo. Fue el hombre más rápido del mundo en Londres 2012.
El Apóstol Pedro no corría mucho, pero también sabía de esfuerzos, su vida fue dura siendo pescador, sabía de madrugar, de tener frío, de pasar la noche en vela, de trabajar mucho y recoger poco. Por eso, cuando su vida estaba terminando, mirando todo lo que había vivido, les resume a sus amigos en la frase de 2 Pedro 3:14, la razón para seguir entrenando.
El tiempo se acaba, cada vez queda menos para la llegada de Jesucristo. Y el clamor de Dios sigue estando vigente. Dios demanda santidad de tu vida y de la mía. Pedro lo sabía, muchas veces había fallado, y muchas veces había luchado, trabajado y sudado por mantenerse santo. Y lo había conseguido; ya anciano, nos pide que nos esforcemos por estar en paz y en santidad con Dios.
Es un gran esfuerzo, y en medio de tanta corrupción y pecado, suena tonto querer mantener la santidad. Cuesta demasiado y no tiene resultados positivos a corto plazo. Pero al igual que Usain, el sacrificio y el esfuerzo de ser santo para Dios lo disfrutarás aquí y por toda la eternidad. Recuerda que solo aquel que se esfuerza alcanza el objetivo.
MEDIOS PARA LA SANTIFICACIÓN.
1.       LA PALABRA DE DIOS. Ya hemos observado que el Señor oró para que el Padre santificara a los creyentes por medio de la Palabra (Jn. 17: 17).
2.       17:17 Santifícalos en tu verdad; tu palabra es verdad.
3.        La iglesia primitiva consideró de gran importancia el continuar en la doctrina de los apóstoles (Hch. 2:42).
4.       2:42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
5.        Nuestro Señor mismo sirve del mejor ejemplo de la necesidad de usar debidamente la Palabra para enfrentarse con la tentación (Mt. 4: 1-1 1).
6.       4:1 Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo.
7.       4:2 Y después de haber ayunado cuarenta días y cuarenta noches, tuvo hambre.
8.       4:3 Y vino a él el tentador, y le dijo: Si eres Hijo de Dios, di que estas piedras se conviertan en pan.
9.       4:4 Él respondió y dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios.
10.   4:5 Entonces el diablo le llevó a la santa ciudad, y le puso sobre el pináculo del templo,
11.   4:6 y le dijo: Si eres Hijo de Dios, échate abajo; porque escrito está:
12.   A sus ángeles mandará acerca de ti,
13.   y,
14.   En sus manos te sostendrán,
15.   Para que no tropieces con tu pie en piedra.
16.   4:7 Jesús le dijo: Escrito está también: No tentarás al Señor tu Dios.
17.   4:8 Otra vez le llevó el diablo a un monte muy alto, y le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos,
18.   4:9 y le dijo: Todo esto te daré, si postrado me adorares.
19.   4:10 Entonces Jesús le dijo: Vete, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él sólo servirás.
20.   4:11 El diablo entonces le dejó; y he aquí vinieron ángeles y le servían.
21.    El centro de los viajes misioneros de San Pablo fue siempre la predicación de la Palabra de Dios (Hch. 1 3:5, 44, 46; 17:2; 1 8:4; 20:32).
22.   13:5 Y llegados a Salamina, anunciaban la palabra de Dios en las sinagogas de los judíos. Tenían también a Juan de ayudante.
23.   13:44 El siguiente día de reposo se juntó casi toda la ciudad para oír la palabra de Dios.
24.   13:46 Entonces Pablo y Bernabé, hablando con denuedo, dijeron: A vosotros a la verdad era necesario que se os hablase primero la palabra de Dios; mas puesto que la desecháis, y no os juzgáis dignos de la vida eterna, he aquí, nos volvemos a los gentiles.
25.   17:2 Y Pablo, como acostumbraba, fue a ellos, y por tres días de reposo discutió con ellos,
26.   18:4 Y discutía en la sinagoga todos los días de reposo, y persuadía a judíos y a griegos.
27.   20:32 Y ahora, hermanos, os encomiendo a Dios, y a la palabra de su gracia, que tiene poder para sobreedificaros y daros herencia con todos los santificados.
28.    Para la santificación, el uso de la Palabra es básico y crucial.
2. LA ORACIÓN. Un segundo medio de santificación es la oración. También fue esta una de las características de la iglesia primitiva (Hch. 2:42; cp. 3:1; 4:24; 6:4; 9:40; 10:4,31; 12:5; 13:3; 16:13,16; y 28:8).
2:42 Y perseveraban en la doctrina de los apóstoles, en la comunión unos con otros, en el partimiento del pan y en las oraciones.
3:1 Pedro y Juan subían juntos al templo a la hora novena, la de la oración.
4:24 Y ellos, habiéndolo oído, alzaron unánimes la voz a Dios, y dijeron: Soberano Señor, tú eres el Dios que hiciste el cie6:4 Y nosotros persistiremos en la oración y en el ministerio de la palabra. lo y la tierra, el mar y todo lo que en ellos hay;
9:40 Entonces, sacando a todos, Pedro se puso de rodillas y oró; y volviéndose al cuerpo, dijo: Tabita, levántate. Y ella abrió los ojos, y al ver a Pedro, se incorporó.
10:4 El, mirándole fijamente, y atemorizado, dijo: ¿Qué es, Señor? Y le dijo: Tus oraciones y tus limosnas han subido para memoria delante de Dios.
10:31 y dijo: Cornelio, tu oración ha sido oída, y tus limosnas han sido recordadas delante de Dios.
12:5 Así que Pedro estaba custodiado en la cárcel; pero la iglesia hacía sin cesar oración a Dios por él. 13:3 Entonces, habiendo ayunado y orado, les impusieron las manos y los despidieron.
16:13 Y un día de reposo salimos fuera de la puerta, junto al río, donde solía hacerse la oración; y sentándonos, hablamos a las mujeres que se habían reunido.
16:16 Aconteció que mientras íbamos a la oración, nos salió al encuentro una muchacha que tenía espíritu de adivinación, la cual daba gran ganancia a sus amos, adivinando.
28:8 Y aconteció que el padre de Publio estaba en cama, enfermo de fiebre y de disentería; y entró Pablo a verle, y después de haber orado, le impuso las manos, y le sanó. y es mandada a los creyentes actuales.


 . Habló nuestro Señor « sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar» (Lc.18: 1).
18:1 También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar,
 La palabra desmayar significa « descorazonarse o cansarse». El apóstol Pablo mandó: « Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias» (Col. 4:2).
4:2 Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias;
 También dijo: «Orad sin cesar» (1 Ts. 5:17).

5:17 Orad sin cesar.

¿ CÓMO TE VES CUANDO TE MIRAS AL ESPEJO.? ! REFLEXIONA !




LO QUE TE DIGA EL ESPEJO...
por Carlos Rey

En un muladar un día
cierta vieja sevillana,
buscando trapos y lana,
su ordinaria granjería,
por acaso vino a hallarse
el pedazo de un espejo,
y con un trapillo viejo
lo limpió para mirarse.
Viendo en él aquellas feas
quijadas de desconsuelo,
dando con él en el suelo,
le dijo: —¡Maldito seas,
y en quién me vine a mirar!
¡A fe, loco antojadizo,
que supo bien lo que hizo
quien te echó en el muladar!
¡Qué fácil es identificarnos con la anciana de este amargo romancillo escrito con singular acierto por el célebre poeta sevillano Baltasar de Alcázar! Sin duda todos alguna vez hemos querido tirar a la basura un espejo insufrible de nuestra vida. Por eso otro poeta llamó al espejo: «Testigo mudo, confidente helado.» Porque si bien el espejo se compra en sentido literal, no se puede comprar en sentido figurado, ya que no admite arreglo alguno. De ahí que diga el refrán: «Lo que te diga el espejo, no te lo dirá el concejo.»1
Afortunadamente para nosotros, cuando nos mira Dios como nuestro Creador, no nos ve como nos vemos nosotros frente a un espejo. Él no se fija en nuestras imperfecciones externas sino en nuestro fuero interno,2 porque a Él le importa lo que somos y no lo que parecemos ser. Y por si eso fuera poco, cuando nos mira Dios como nuestro Padre celestial, nos ve así como los padres aquí en esta tierra vemos a nuestros hijos recién nacidos: ¡como las criaturas más bellas del mundo! Esa tendencia a ver el atractivo en nuestros hijos la heredamos de Él, ya que nos creó a imagen y semejanza suya.
Sin embargo, el que Dios nos mire con buenos ojos no quiere decir que no haya nada en nosotros que Él no quiera cambiar. Al contrario, como Él nos conoce a fondo, quiere transformar nuestra naturaleza pecaminosa para que ésta no le impida ver reflejada en nosotros su propia naturaleza. Por eso nos envió a su Hijo Jesucristo, quien se hizo como un espejo para nosotros a fin de que nosotros pudiéramos ser como Él.3
De modo que podemos tomar a Cristo como nuestro espejo divino, sólo que, a diferencia de los demás espejos, Él no reproduce una imagen desagradable como la nuestra sino su propia imagen atractiva. Y lejos de ser un espejo común y corriente, que no perdona, Él perdonó hasta a quienes lo clavaron en la cruz, donde selló nuestro perdón de una vez y para siempre.4
Como espejo perfecto que es, Cristo nos ama con un amor perfecto.5 Pero no condiciona ese amor a que nosotros seamos perfectos, sino que nos lo muestra cuando más imperfectos nos vemos.6 Por eso nos mira y nos dice: «¡Lo que más vale no es que seas perfecto sino perdonado. Acepta el perdón que te ofrezco, y te transformaré a mi semejanza de modo que reflejes mi gloria.»7

1Luis Junceda, Del dicho al hecho (Barcelona: Ediciones Obelisco, 1991), p. 171.
21S 16:7.
16:7 Y Jehová respondió a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón. 
3Ro 8:29;.
8:29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 
 Jn 1:14.
1:14 Y aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros (y vimos su gloria, gloria como del unigénito del Padre), lleno de gracia y de verdad. 
4Lc 23:34.
23:34 Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y repartieron entre sí sus vestidos, echando suertes.
51Jn 3:16;.
3:16 En esto hemos conocido el amor, en que él puso su vida por nosotros; también nosotros debemos poner nuestras vidas por los hermanos. 
 1Jn  4:9‑10.
4:9 En esto se mostró el amor de Dios para con nosotros, en que Dios envió a su Hijo unigénito al mundo, para que vivamos por él. 
4:10 En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó a nosotros, y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados. 
6Ro 5:8.
5:8 Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros. 
72Co 3:18.
3:18 Por tanto, nosotros todos, mirando a cara descubierta como en un espejo la gloria del Señor, somos transformados de gloria en gloria en la misma imagen, como por el Espíritu del Señor.
Medios para la Santificación
1. La Palabra de Dios. Ya hemos observado que el Señor oró para que el Padre santificara a los creyentes por medio de la Palabra (Jn. 17: 17). La iglesia primitiva consideró de gran importancia el continuar en la doctrina de los apóstoles (Hch. 2:42). Nuestro Señor mismo sirve del mejor ejemplo de la necesidad de usar debidamente la Palabra para enfrentarse con la tentación (Mt. 4: 1-1 1). El centro de los viajes misioneros de San Pablo fue siempre la predicación de la Palabra de Dios (Hch. 1 3:5, 44, 46; 17:2; 1 8:4; 20:32). Para la santificación, el uso de la Palabra es básico y crucial.
2. La oración. Un segundo medio de santificación es la oración. También fue esta una de las características de la iglesia primitiva (Hch. 2:42; cp. 3:1; 4:24; 6:4; 9:40; 10:4,31; 12:5; 13:3; 16:13,16; y 28:8) y es mandada a los creyentes actuales. Habló nuestro Señor « sobre la necesidad de orar siempre y no desmayar» (Lc.18: 1). La palabra desmayar significa « descorazonarse o cansarse». El apóstol Pablo mandó: « Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias» (Col. 4:2). También dijo: «Orad sin cesar» (1 Ts. 5:17).
Ezequel 33: 31-33.
33:31 Y vendrán a ti como viene el pueblo, y estarán delante de ti como pueblo mío, y oirán tus palabras, y no las pondrán por obra; antes hacen halagos con sus bocas, y el corazón de ellos anda en pos de su avaricia.
33:32 Y he aquí que tú eres a ellos como cantor de amores, hermoso de voz y que canta bien; y oirán tus palabras, pero no las pondrán por obra.
33:33 Pero cuando ello viniere (y viene ya), sabrán que hubo profeta entre ellos.

PASTOR: Rigoberto Gómez E

CANCIONES PARA NUESTRO MARAVILLOSO DIOS

Jehova de Los Ejercitos   Miel San Marcos.mp3Jehova de Los Ejercitos Miel San Marcos.mp3
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Feliz Cumpleaños Para Dedicar MUY LINDO VICKY.mp3Feliz Cumpleaños Para Dedicar MUY LINDO VICKY.mp3
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Miel San Marcos Tu Nombre.mp3Miel San Marcos Tu Nombre.mp3
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MIEL SAN MARCOS   CRISTO.mp3MIEL SAN MARCOS CRISTO.mp3
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jueves, 8 de agosto de 2013

¿ CUÁNTO CUESTA SER CRISTIANO.?

Tema: ¿Cuánto Cuesta Ser Cristiano?

Texto: Lucas 14:27- 28.
14:27 Y el que no lleva su cruz y viene en pos de mí, no puede ser mi discípulo.
14:28 Porque ¿quién de vosotros, queriendo edificar una torre, no se sienta primero y calcula los gastos, a ver si tiene lo que necesita para acabarla?.


INTRODUCCIÓN

Todos nos hacemos a menudo esta pregunta: “¿Cuánto cuesta?” al comprar un terreno, al construir una casa, al amueblar la casa, al hacer planes para el futuro, al calcular y planear los estudios futuros de los hijos. Es sabio y prudente que nos sentemos a considerar con calma los gastos que todo esto implica.

Pero los cristianos se ahorrarían muchas molestias y dolores si a menudo se hicieran la pregunta: “¿Cuánto cuesta ser verdaderamente un creyente verdaderamente santo?” Estas preguntas son decisivas. Por no habérselas formulado desde un buen principio, muchas personas que parecían empezar bien la carrera cristiana, mas tarde torcieron su rumbo y se perdieron para siempre en el infierno.

Vivimos en tiempos muy extraños. Los acontecimientos suceden a gran rapidez. Nunca sabemos lo que el día nos traerá. En nuestros días se hace gran profesión de religiosidad. Es muy común ver como la gente recibe la Palabra con gozo, pero después de dos o tres años se aparta y vuelve a sus pecados.

Nuestros tiempos requieren de una manera muy especial el que nos paremos a considerar el coste y el estado espiritual de nuestras almas. Este tema debe preocuparnos. El camino a la vida eterna es un camino delicioso; pero seria locura, por nuestra parte, cerrar los ojos al hecho de que se trata de un camino estrecho y de que la cruz viene antes que la corona.


I.- lo que cuesta ser un verdadero cristiano

No me refiero aquí a lo que cuesta salvar el alma del creyente. Bien se que costo la sangre del Hijo de Dios al redimir al pecador y librarle del infierno.
 1 Cor 6:20;.
6:20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.

 1 Tim 2:6.
 2:6 el cual se dio a sí mismo en rescate por todos, de lo cual se dio testimonio a su debido tiempo.
Pero no es este el tema que propongo.

No cuesta gran cosa ser un cristiano de apariencia. Solo requiere que la persona asista al oficio mayor los domingos y en la semana sea medianamente moral. Este es el cristianismo de la vasta multitud de nuestro tiempo.

Pero según las normas de la Biblia cuestan algo ser cristiano. Debe cargarse con el peso de la cruz y hay que tomar parte en una gran carrera. La conversión no consiste en poner a una persona en un cómodo sofá, para luego llevarla suavemente al cielo.

Tratare de demostrar de una manera precisa y particular lo que cuesta ser un verdadero cristiano.




A. Le costará su justicia propia.

Deberá abandonar el orgullo y alto concepto que de su propia bondad tiene; y deberá contentarse con ir al cielo como un pobre pecador salvado por la gratuita gracia de Dios y por los meritos y justicia de otro. Debe confesar que no hay nada sano en él. Debe abandonar la confianza en su propia moralidad y respetabilidad, y no debe basar su salvación en el hecho de que ha ido a la iglesia, ha orado, ha leído la Biblia, sino que debe confiar, única y exclusivamente, en la persona y obra de Cristo Jesús.

Aprendamos, pues, de una vez para siempre, que ser un verdadero cristiano costará a una persona perder su justicia propia.

B. Le costará sus pecados.

Deberá abandonar todo hábito y practica que sean malos a los ojos de Dios. Debe afirmar su rostro contra el pecado, luchar contra el pecado, romper con el pecado, mortificar el pecado, pese a lo que diga u opine el mundo. No puede establecer ninguna tregua especial con ningún pecado que amaba antes de su conversión. Debe considerar a todos los pecados como enemigos mortales de su alma y odiar todo camino de falsedad.
Ez 18:31;.
18:31 Echad de vosotros todas vuestras transgresiones con que habéis pecado, y haceos un corazón nuevo y un espíritu nuevo. ¿Por qué moriréis, casa de Israel?
 Is. 1:16.
1:16 Lavaos y limpiaos; quitad la iniquidad de vuestras obras de delante de mis ojos; dejad de hacer lo malo;

Esto parecerá muy duro para muchos; y es que a menudo nuestros pecados nos son más queridos que nuestros propios hijos. Separarnos del pecado es tan duro como separarnos de nuestra mano derecha, y tan doloroso como si nos arrancaran un ojo. Pero debemos separarnos del pecado; no hay otra alternativa posible.
Si deseamos ser amigos de Dios, debemos primero romper con el pecado.
El ser cristiano costara a una persona sus pecados.

C. Le costará su amor a la vida fácil.

Para correr con éxito la carrera al cielo se requiere esfuerzo y sacrificio. Habrá de velar diariamente y de estar alerta, pues se encontrará en territorio enemigo. En cada hora y en cada instante deberá vigilar su conducta, su compañía y los lugares que frecuenta. Con mucho cuidado habrá de disponer de su tiempo y vigilar su lengua, su temperamento, su pensamiento, su motivo y su conducta en las relaciones diarias. Tendrá que ser diligente en su lectura de la Biblia, en su vida de oración, en la manera cómo pasa el día que aparta para Dios. No será perfecto en todo esto pero no podrá descuidarlas.
 Prov. 13:4.
13:4 El alma del perezoso desea, y nada alcanza;
Mas el alma de los diligentes será prosperada.

También esto parece duro y difícil. No hay nada que nos desagrade tanto como las dificultades en nuestra profesión religiosa. No esta de acuerdo con nuestro corazón todo aquello que implique esfuerzo y trabajo; pero sin dolor no hay ganancias para el alma.
Dejemos bien sentado este hecho: el ser cristiano costara a una persona su amor por la vida fácil.





D. Le costará perder el favor del mundo.

Si desea agradar a Dios debe ser conciente de que será despreciado por el mundo. No ha de extrañarse si el mundo se burla de él, le ridiculiza, levanta calumnias contra el y le persigue y odia. No bebe sorprenderse si las gentes le desprecian y con desdén condenan y critican sus practicas religiosas. Debe resignarse a que le acusen de tonto, entusiasta y fanático, e incluso mal interpreten sus palabras. No se maravillen si llegan a tildarlo de loco, y recordemos las palabras dichas por el Maestro en Juan 15:20.
15:20 Acordaos de la palabra que yo os he dicho: El siervo no es mayor que su señor. Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán; si han guardado mi palabra, también guardarán la vuestra.

También esto parece duro y difícil. Por naturaleza nos desagrada el proceder injusto y las acusaciones falsas. Si no nos preocuparan las opiniones de los demás dejaríamos de ser carne y hueso. Pero no podemos evitarlo. De la copa que bebió el Maestro también deben beber sus discípulos. Estos deben ser como dice:
 Isaías 53:3 despreciados y desechados de los hombres. Anotemos pues lo dicho: ser cristiano costara a una persona el favor del mundo.

Esta es, en primer, lugar la lista que costara a una persona ser cristiana y debemos reconocer que no es una lista insignificante. Es una falsedad cuando abogamos por la justicia propia, los pecados, el amor a la vida fácil, el amor al mundo, y creer que viviendo así es un cristiano y mas aun es salvo.

La realidad es esta: cuesta mucho ser un cristiano. Cuando la gangrena ha hecho mella en una extremidad la persona se someterá a cualquier operación e incluso a la amputación del miembro afectado. Con más motivo, pues, el creyente estará dispuesto a abandonar cualquier cosa que se levante entre su alma y el cielo.
Una fe que no cuesta nada, no vale nada. Un cristianismo barato --sin una cruz—tarde o temprano manifestará su inutilidad; jamás llevara a la posesión de una corona.

Sin cruz no haya corona.

"todo lo que hagáis hacedlo para la gloria de Dios."

PASTOR: Rigoberto Gómez E

lunes, 5 de agosto de 2013

CUANDO UN NIÑO MUERE ¿QUE PASA ?

CUANDO UN NIÑO MUERE ¿QUE PASA ?
Cuando muere un niño:


Leer | 2 SAMUEL 12.16-23

16 Entonces David rogó a Dios por el niño; y ayunó David, y entró, y pasó la noche acostado en tierra. 17 Y se levantaron los ancianos de su casa, y fueron a él para hacerlo levantar de la tierra; mas él no quiso, ni comió con ellos pan. 18 Y al séptimo día murió el niño; y temían los siervos de David hacerle saber que el niño había muerto, diciendo entre sí: Cuando el niño aún vivía, le hablábamos, y no quería oír nuestra voz; ¿cuánto más se afligirá si le decimos que el niño ha muerto? 19 Mas David, viendo a sus siervos hablar entre sí, entendió que el niño había muerto; por lo que dijo David a sus siervos: ¿Ha muerto el niño? Y ellos respondieron: Ha muerto. 20 Entonces David se levantó de la tierra, y se lavó y se ungió, y cambió sus ropas, y entró a la casa de Jehová, y adoró. Después vino a su casa, y pidió, y le pusieron pan, y comió. 21 Y le dijeron sus siervos: ¿Qué es esto que has hecho? Por el niño, viviendo aún, ayunabas y llorabas; y muerto él, te levantaste y comiste pan. 22 Y él respondió: Viviendo aún el niño, yo ayunaba y lloraba, diciendo: ¿Quién sabe si Dios tendrá compasión de mí, y vivirá el niño? 23 Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.


Es comprensible que las personas que pierden a un hijo quieran estar seguros de que su pequeño está en los brazos de Dios. La Biblia no es explícita en cuanto a lo que sucede a los que son demasiado jóvenes para hacer una declaración de fe. Sin embargo, la misericordia del Señor sobre ellos es evidente cuando estudiamos su Palabra.

Con los años, la gente ha creado explicaciones no bíblicas de lo que sucede a los pequeños que mueren. Hay quienes sostienen que la salvación está disponible para algunos, pero no para otros, lo cual es bíblicamente equivocado
(Jn 3.16; 2 P 3.9).

16 Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna.

9 El Señor no retarda su promesa, según algunos la tienen por tardanza, sino que es paciente para con nosotros, no queriendo que ninguno perezca, sino que todos procedan al arrepentimiento.
Otra teoría más complicada mantiene que Dios usa su conocimiento para determinar si un niño que muere irá al cielo o al infierno. La idea es que Él salva a quienes Él sabe que habrían creído y sido salvos, pero rechaza al resto. ¡Qué terrible incertidumbre significaría eso para los miembros de la familia que quedaron atrás!

Dios no deja a la gente haciéndose conjeturas. Lo que su Palabra enseña es que durante sus primeros años de vida, un niño no sabe cómo elegir entre el bien y el mal (Dt 1.39; Is 7.16.), y por tanto no es responsable por su conducta moral. Por consiguiente, cuando un niño muere, el Señor lo espera con los brazos abiertos. Esta es la única teología que tiene sentido bíblico, dado el carácter, los deseos y el plan del Padre celestial.
39 Y vuestros niños, de los cuales dijisteis que servirían de botín, y vuestros hijos que no saben hoy lo bueno ni lo malo, ellos entrarán allá, y a ellos la daré, y ellos la heredarán.
16 Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será abandonada.

Hasta que un niño tiene la madurez suficiente para aceptar o no al Señor, está a salvo del juicio divino. Nuestro justo y misericordioso Dios no castiga a los niños pues son demasiado jóvenes para comprender su necesidad de un Salvador. Los creyentes se reunirán con sus pequeños en el cielo (2 S 12.23).

23 Mas ahora que ha muerto, ¿para qué he de ayunar? ¿Podré yo hacerle volver? Yo voy a él, mas él no volverá a mí.

BIENVENIDOS A LA MESA: RETORNO A LA HOSPITALIDAD CRISTIANA

Por Cameron Lawrence.

Brent George aviva con madera la hoguera en su patio. Me hace señas para que me estacione junto al césped donde muchos autos se han detenido antes. Durante los 34 años que han estado casados, él y su esposa Laura han recibido con los brazos abiertos a más de 40 personas que se quedaron a vivir con ellos, a largo y corto plazo, a la vez que tuvieron y criaron once hijos suyos, por no hablar de los visitantes que se presentan cada día para conversar, recibir algún consejo, y comer.

La casa de dos pisos, de tablones de madera blanca y postigos verdes, y con un aro de baloncesto en la entrada al garaje, es bonita pero no extraordinaria —no es muy grande ni muy adecuada para acoger a muchos huéspedes como podría esperarse. Por dentro es humilde pero cómoda, y tiene las señales de una vida en familia evidenciada por la estantería y los muebles. Todo ello transmite una inefable calidez que irradia de la sensación de vida de hogar que da una amable bienvenida.

Brent me conduce a la sala de estar después de pasar por la cocina y unas escaleras, donde Laura se une a nosotros mientras hablamos y esperamos que la cena termine de prepararse. Ella atribuye a su suegra la inspiración que tuvieron desde el comienzo en cuanto al estilo de vida que eligieron hace más de tres décadas. Pero fue un libro sobre la fraternidad de L’Abri —la comunidad evangélica fundada en Suiza por Francis y Edith Schaeffer en 1955—lo que les dio una visión mayor. Los Schaeffer decidieron abrir su hogar a personas interesadas en reunirse con otras para el estudio de la Palabra y conversar sobre la vida de fe. Y los George siguieron el ejemplo, comenzando con un estudio bíblico para jóvenes, e invitando después a un miembro de la iglesia a vivir con ellos. Desde entonces, han dado camas, y a veces hasta habitaciones enteras, a huéspedes de permanencia corta y larga.

Aunque por lo general se cree que más hijos es igual a mayor dificultad en cuanto a hospitalidad, los George no lo ven de esa manera. La decisión de dejar que Dios determinara su número de hijos es el núcleo de su dedicación de ser anfitriones de los demás. “Estuvimos tratando de espaciar los nacimientos de nuestros hijos de la manera que pensábamos que era prudente, pero empecé a pensar que la Biblia dice que los hijos son una bendición. No dice que son una bendición si se puede vivir en una casa de cierto tamaño, o si se pueden enviar todos a la universidad. No hay requerimientos”.

Fue entonces cuando todo comenzó a cambiar, dando nueva profundidad y firmeza a su convicción. “Cuanto más hospitalario me volvía para recibir a más hijos, más hospitalario me volvía hacia otras personas, ya sea que llegaran de la matriz, por la puerta de la calle, por la puerta de atrás, por la puerta lateral, o por la ventana. Nunca hemos colgado un cartel de “vacante” frente a la casa. Dios sabía que nuestros corazones estaban abiertos para ayudar a las personas, y Él simplemente las traía a nuestra puerta”.

Pasamos a la mesa cuando la comida está lista, y seguimos conversando mientras comemos. Dos de los hijos de Brent y Laura se nos unen, y cada uno de ellos cuenta historias sobre la vida de hospitalidad que ellos eligieron. “Eso nos ha sacado de nuestra comodidad muchas veces”, dice Abby, de 22 años. “Pero es bueno no estar cómodos, porque esto nos permite crecer, y nos enseña a hacer sacrificios de maneras que uno probablemente no habría notado de no haber tenido a ciertas personas en su vida. Aprender a tratar con todas las personalidades —especialmente con las que casi parecen estar tanteando el terreno para ver si las seguiremos amando y recibiendo— es difícil, pero eso nos enseña a ver a través de los ojos de Cristo, en vez de los de la carne”.

Josiah, de 20 años, recuerda una época en que un adolescente que vivía en la calle, se convirtió en su compañero de cuarto. Los George trajeron al muchacho a su casa para que pasara la noche, y se quedó con ellos durante ocho meses. “Soy una persona muy tranquila, y él no se estaba quieto ni un segundo. Tener que acostumbrarme a esa energía y compartir mi habitación, me resultaba realmente difícil. Pero eso definitivamente me hizo crecer y me enseñó paciencia”.

“El tener a personas en nuestra casa ha enseñado a nuestros hijos que hay algo más importante que ellos”, añade Brent. “Eso ha enriquecido nuestras vidas, y nos ha enseñado a todos sobre Cristo y su reino”.

En los primeros años del siglo 15, el pintor ruso Andrei Rublev creó su obra más famosa —una representación simbólica de la Trinidad basada en la imagen del Antiguo Testamento, de tres visitantes a la casa de Abraham. La historia, que se encuentra en Génesis 18, ha ocupado un lugar fundamental en la tradición bíblica en cuanto a hospitalidad.

Rublev no fue el primero en pintar esta escena, pero su versión carece de dos detalles importantes que sí incluyeron pintores anteriores: Abraham y Sara. Pero lo que parece ser una omisión ofrece, en realidad, una vista en cuanto a una verdad fundamental sobre la hospitalidad. Las tres figuras, pintadas como ángeles, están reunidas en torno a los tres lados de la parte posterior de una mesa, dejándonos con una sensación de invitación. Esto representa la generosa hospitalidad de Dios para con nosotros —aunque estábamos distanciados de Él (Ro 5.8), Cristo murió para darnos la bienvenida a la vida eterna y al amor de la Divinidad.

La Dra. Christine Pohl, autora de Making Room (Hacer sitio para los demás), y profesora de Ética en el Seminario Teológico de Asbury, ha escrito extensamente sobre la práctica de la hospitalidad cristiana. Ella me dijo por teléfono que la capacidad de mostrar hospitalidad a los demás solo es posible porque Dios la tuvo primero con nosotros. “La hospitalidad, especialmente la capacidad de sostenerla a través del tiempo, viene de un corazón agradecido por la extraordinaria y costosa bienvenida que hemos recibido de Dios en Cristo”, dijo. “Si realmente llegamos a entender esto, podemos responder, encarnando esa acogida que Él da”.

Desde el comienzo, los cristianos han luchado con la interrogante de cómo ofrecer la clase de acogida que señala Pohl. Ella dice que esa lucha es evidente en algunos de los conflictos mencionados en el Nuevo Testamento entre los judíos cristianos y los gentiles cristianos —por ejemplo, en cuanto a quiénes podían comer con quiénes—, y en las tensiones sociales entre seguidores pobres y ricos de Cristo. Pero la hospitalidad en la sociedad de hoy es diferente. Nuestra cultura ha trivializado en gran medida la práctica, ya sea viendo su cumplimiento en el agasajo a amigos y colegas de trabajo, o en la industria hotelera. Por lo demás, las familias son ahora más pequeñas, y cada vez más privadas.

“Muchos vemos a nuestros hogares como retiros del mundo, en vez de una herramienta para el reino de Dios, por lo que estamos recelosos de dar la bienvenida a las personas, y del tiempo que pasarán con nosotros”, apunta Pohl. “Vivimos preocupados por realizar nuestras actividades, por lo que las oportunidades de ser hospitalarios las vemos como interrupciones. Si todo nuestro enfoque está en que se hagan las cosas, el abrir nuestros hogares a los demás es siempre inoportuno”.

Tal vez el detalle más inoportuno, si no el más incómodo, de la tradición bíblica, es su énfasis en acoger al extranjero. “Tenemos imágenes de Dios particularmente como anfitrión en el Antiguo Testamento. Pero con Jesús, tenemos también a Dios viniendo como huésped y extranjero, y también como anfitrión, al decir: “En cuanto [disteis la bienvenida] a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis”, apunta Pohl. Los primeros cristianos tomaron estas palabras tan en serio que era una práctica común tener una habitación especial en sus hogares —que ellos llamaban “el cuarto de Cristo” o la “habitación del profeta”— para que cuando fueran visitados por extraños, los creyentes no perdieran la oportunidad de dar acogida a Jesús.

Pero el peligro potencial de un huésped impredecible es un temor frecuente que puede impedirnos ir más allá de acoger solo a las personas que conocemos mejor. Pohl cree que, por lo general, el riesgo de que eso suceda es real, pero a menudo exagerado. Lo que necesitamos es discernimiento. Ella dice que hay diferentes niveles de “ser un extraño”, y contextos adecuados para manejar cada uno de ellos. “Yo no recomiendo acoger a personas que usted sabe que representarían un riesgo, a menos que tenga ayuda y apoyo. Hay umbrales entre la privacidad del hogar y la vida pública que siguen siendo receptivos”. Los servicios de la iglesia y las reuniones sociales en lugares públicos son apenas dos ejemplos de tales sitios. La clave para mantenerse a salvo, dice ella, es formar equipos para brindar hospitalidad.

Un pasaje en el Evangelio de Lucas da una enseñanza importante en cuanto a nuestro enfoque hacia el extraño, es decir, que no debemos acoger a los demás para beneficio personal. El autor nos dice que en el día de reposo, Jesús cenó en la casa de un líder fariseo. Al notar que quienes estaban sentados a la mesa eran huéspedes distinguidos, el Señor retó al anfitrión a no invitar a amigos, vecinos ricos, o familiares, que podían devolver el favor de una forma u otra: “Mas cuando hagas banquete, llama a los pobres, los mancos, los cojos y los ciegos; y serás bienaventurado; porque ellos no te pueden recompensar, pero te será recompensado en la resurrección de los justos” (14.13, 14).

“Esto no significa que no debe darse la bienvenida a amigos y familiares”, aclara Pohl. “Es más bien, que somos llamados a dar a los extraños y a quienes se suele —por lo general— dejar al margen, la clase de acogida que daríamos a parientes y amigos. Es muy difícil mostrar hospitalidad a los extraños si no lo mostramos a las personas que conocemos y amamos”.

Pohl aconseja que los que nunca lo han hecho, comiencen haciendo preguntas, tales como: ¿Quiénes son las personas de mi mundo que necesitan ser acogidas? ¿Es la persona que vive en su misma calle, cuyos parientes vive en el otro lado del país? ¿Son los amigos de mi hijo, un estudiante venido de otro país, o un miembro de la iglesia que está discapacitado? Ella también recomienda encontrar maneras de ampliar nuestras mesas, además de reconsiderar cómo conceptuamos a nuestros hogares —para verlos, no como refugios privados, sino como herramientas para el reino de Dios.

Cuando terminamos de comer el postre, miro a través de la ventana y veo la hoguera que arde bajo un cielo oscuro. Varios niños están afuera, sentados alrededor de las llamas, y lo único visible de ellos a la luz del fuego son sus rostros. Pienso en la comida que acabamos de comer, y me pregunto cuántas personas se habrán sentado en estas sillas. ¿Cómo hacen los George para seguir recibiendo y dando tan generosamente a tantas personas? “Dios ha provisto”, responde Brent. “Y ha provisto enormemente”.

Laura recuerda el día en que su hijo adolescente, Micah, ahora de 30 años, trajo a unos amigos a casa a la hora de comer. Los George estaban experimentando dificultades económicas, y alguien les había dado un jamón que era suficiente solo para la familia. “Llevé a mi hijo aparte y le dije: ‘No tenemos suficiente comida...’. Pero luego escuché al Señor decir: ‘Sí, hay suficiente jamón’”. Obedientemente, ella les dijo a los muchachos que podían quedarse a comer con ellos.

“Muchas veces, Brent y yo hemos tenido que esperar hasta que coma la última persona, para luego comer nosotros lo que quede. Veo como llenan sus platos, y pienso: Bueno, el Señor está a cargo de esto”. Cuando ella iba a llenar su plato, se sorprendía al ver que, de alguna manera, había quedado bastante comida. “Era como los panes y los peces del evangelio. Hasta nos quedaban sobras esa noche. Esa fue una gran lección que necesitaba aprender: Que no tenía necesidad de preocuparme por la comida. Siempre hay suficiente”.

“Es necesario ser vulnerables a la providencia y a la misericordia de Dios —a una apertura a Él, y a lo que Él dé”, dice Brent.


Parte de esa vulnerabilidad ha implicado el permitir que sus huéspedes vean la vida de la familia tal como ella es, con sus imperfecciones y todo. “Yo realmente no tengo la energía para fingir”, confiesa Laura. “Creo que dejar que la gente nos vea tal como somos, es lo que la ha atraído a nuestra casa. Quieren ver a otras personas que también tienen sus problemas. Y eso es lo que hace que la gente se sienta muy bienvenida —de poder llegar y ser parte de la familia. Hoy día, cuando las personas tienen familias desintegradas, es un bien precioso un tener un lugar donde sentirse aceptado.”

jueves, 1 de agosto de 2013

LA DOCTRINA DE LA JUSTIFICACIÓN POR FE EN NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO.

LA  DOCTRINA DE LA JUSTIFICACIÓN POR FE.
IGLESIA SANTA ROSA DE OSOS.
A.      BIENVENIDA
B.      LECTURA BÍBLICA
C.      ORACIÓN
INTRODUCCIÓN:
Romanos  5:1 Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo.
Tito 3: 7.
3:7 para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna.

¿Cuál es el significado de justificación?.
 Los teólogos los confundirán, si les preguntan. Voy a hacer mi mejor esfuerzo para explicar la justificación de manera sencilla y simple, para que me entienda inclusive un niño. No hay tal cosa como una justificación que pueda ser obtenida en la tierra por los hombres, excepto de una sola manera. La justificación, ustedes saben, es un término forense; siempre es empleado en un sentido legal. Un prisionero es traído al tribunal de justicia para ser juzgado. Sólo hay una forma en que ese prisionero puede ser justificado; esto es, no debe ser encontrado culpable; y si no es encontrado culpable, entonces es justificado: esto es, se ha demostrado que es un hombre justo. Si ese hombre es encontrado culpable, no puede ser justificado. La Reina puede perdonarlo, pero ella no puede justificarlo. Sus hechos no son justificables, si fuera culpable de ellos; y él no puede ser justificado por ellos. Puede ser perdonado; pero ni la realeza misma podría jamás lavar el carácter de ese hombre. Es tan criminal cuando es perdonado como lo era antes de ser perdonado. No hay ningún medio entre los hombres de justificar a un hombre de una acusación que es levantada en su contra, excepto cuando se demuestra que no es culpable. Ahora, la maravilla de maravillas es que se ha demostrado que somos culpables, y sin embargo somos justificados: se ha leído el veredicto en contra nuestra de: culpables; y sin embargo, a pesar de ello, somos justificados. ¿Podría algún tribunal terrenal hacer eso? No, la redención de Cristo logró eso que es una imposibilidad para cualquier tribunal de la tierra. Todos nosotros somos culpables. Lean el versículo 23 que precede inmediatamente al texto: "por cuanto todos pecaron, y están destituidos de la gloria de Dios." Allí es presentado el veredicto de culpables, y sin embargo inmediatamente después se dice que somos justificados gratuitamente por Su gracia .Ahora, permítanme explicarles cómo justifica Dios al pecador. Voy a suponer un caso imposible. Un prisionero ha sido juzgado y condenado a muerte. Él es un hombre culpable; él no puede ser justificado porque es culpable. Pero ahora, supongan por un momento que pudiera ocurrir algo así: que alguien más pudiera participar, y que pudiera asumir toda la culpa de ese hombre, que pudiera ponerse en su lugar y por algún proceso misterioso, que por supuesto es imposible entre los hombres, se convirtiera en ese hombre; o tomara sobre sí el carácter de ese hombre; él, el hombre justo, pone al rebelde en su lugar, y convierte al rebelde en un hombre justo. Nosotros no podemos hacer eso en nuestras cortes. Si yo me presentara ante un juez, y él decidiera que debe encarcelarme durante un año en vez de un desgraciado que fue condenado ayer a un año de prisión, yo no podría asumir su culpa. Podría sufrir su castigo, pero no podría llevar su culpa. Ahora, lo que la carne y la sangre no pueden hacer, eso hizo Jesucristo mediante Su redención. Aquí estoy yo, el pecador. Yo me refiero a mí mismo como representando a todos ustedes. Estoy condenado a muerte. Dios dice: "Voy a condenar a ese hombre; debo, quiero y lo voy a castigar." Cristo interviene, me hace a un lado, y se pone en mi lugar. Cuando se pide que hable el reo, Cristo dice: "Culpable;" y hace que mi culpa sea suya. Cuando se va a aplicar el castigo, Cristo se presenta. Dice: "castígame a Mí," "he puesto mi justicia en ese hombre, y Yo he tomado sobre Mí los pecados de ese hombre. Padre, castígame a Mí y considera a ese hombre como si fuera Yo. Deja que él reine en el cielo; y que yo sufra sus miserias. Déjame que Yo soporte su maldición, y que él reciba mi bendición." Esta maravillosa doctrina del intercambio de lugares entre Cristo y los pobres pecadores, es una doctrina de revelación, pues no habría podido ser concebida por la naturaleza humana. Permítanme que lo explique de nuevo, no sea que no quedó muy claro. La forma en que Dios salva a un pecador no es, como dicen algunos, ignorando el castigo. No; el castigo ha sido cumplido por completo. Es colocando a otra persona en el lugar del rebelde. El rebelde debe morir; Dios dice que debe morir. Cristo dice: "Yo seré el sustituto del rebelde. El rebelde tomará mi lugar y Yo tomaré el suyo." Dios consiente a esto. Ningún monarca de la tierra tendría poder para dar su consentimiento a un cambio así. Pero el Dios del cielo tenía el derecho de hacer lo que Él quisiera. En su infinita misericordia dio su beneplácito al arreglo. "Hijo de mi amor," dijo, "debes colocarte en el lugar del pecador; debes sufrir lo que correspondía sufrir a él; debes ser considerado culpable, tanto como él fue considerado culpable; y después voy a ver al pecador bajo otra luz. Lo veré como si fuera Cristo; lo aceptaré como si fuera mi unigénito Hijo, lleno de gracia y de verdad. Le daré una corona en el cielo y lo llevaré en Mi corazón por toda la eternidad." Esta es la forma en que somos salvados, "siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús." Y ahora proseguimos a explicar algunas de las características de esta justificación. En el momento en que un pecador arrepentido es justificado, recuerden, él es justificado en relación a todos sus pecados. He aquí un hombre plenamente culpable. En el instante en que cree en Cristo, recibe su perdón de inmediato, y sus pecados ya no son más suyos; son arrojados a las profundidades del mar. Fueron puestos sobre los hombros de Cristo y han desaparecido. Ahora es un hombre justo a los ojos de Dios, y acepto en el Amado. "¡Cómo!", dicen, "¿quieres decir eso literalmente?" Así es, en efecto. Esa es la doctrina de la justificación por la fe.
EN CONCLUSIÓN, LO QUE DIOS HACE ES:
1. Justificar al impío.
2. Elimina nuestra culpa
3. No hace acepción de personas
4. La justificación por fe, confirma la ley
5. En Cristo Jesús no hay condenación
NOTAS ACLARATORIAS SOBRE LA JUSTIFICACIÓN.
Bildad suhita, otro de los amigos de Job, preguntó: «¿Cómo, pues, se justificará el hombre para con Dios?» ¿Cómo respondería usted a esta pregunta? (Job 25:4)

Lo primero es dejar de justificarse a uno mismo. «Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos», dijo el Señor Jesús a los fariseos, y en tanto que alguien haga esto, Dios no lo justificará. Cuando dejamos de tratar de justificarnos a nosotros mismos, justificamos entonces a Dios en Su juicio sobre nosotros debido al pecado. «Los publicanos justificaron a Dios», leemos, y esto era precisamente lo contrario a lo que estaban haciendo los fariseos. Condenarse uno mismo y justificar a Dios son así dos cosas que van juntas. Nos ponemos del lado de Dios contra nosotros mismos, y reconocemos la verdad de Su veredicto sobre nosotros como pecadores culpables, viles, merecedores del infierno. Este es el primer paso.

Además de esto, tenemos que apartar la mirada de nosotros mismos y dirigirla a Cristo. Creer en Jesús significa quedar justificado de todas las cosas (Ro. 3:26; Hch. 13:39). Cuando aprendemos lo que Su muerte ha cumplido por nosotros, y cómo Su resurrección nos absuelve de todo cargo, comprendemos lo que es estar justificados, y el bendito resultado de ello es «la paz con Dios» (Ro. 5:1).

Los cristianos, ¡triste es decirlo!, son a veces muy inconsecuentes en su manera de vivir. ¿Acaso estos cristianos siguen siendo personas justificadas?

Si solo aquellos cuya conducta fuese intachable fuesen los justificados, se tendría que buscar durante mucho tiempo antes de descubrir a un hombre justificado.

Pero veamos cómo se designa a los cristianos en Corinto. Su conducta distaba de ser perfecta. Habían merecido una reprensión pública acerca de cuestiones relacionadas con los principios morales más básicos. Sin embargo, y de la manera más incondicional, el apóstol Pablo podía decir de ellos: «ya habéis sido lavados, ya habéis sido santificados, ya habéis sido justificados» (1 Co. 6:11). Observemos que estas palabras se dirigen a ellos inmediatamente después de una ácida reprensión por sus constantes contiendas. Cierto, se les recuerda que habían sido lavados, santificados y justificados a fin de que huyeran de aquellas cosas de las que habían sido lavados. Pero no se les dice, a la vista de su pecado, que tuvieran que volver a ser lavados otra vez, santificados de nuevo, y vueltos a justificar. Se menciona su justificación como algo que había sido cumplido una vez por todas, y esta realidad es la base sobre la que puede hacerse un llamamiento a vivir de una manera consecuente y piadosa.

¿Cómo puede uno saber de cierto que está justificado?

Un pasaje de las Escrituras al que ya nos hemos referido nos proporciona una respuesta clara y plena. Volvamos a Hechos 13:39, y leeremos estas palabras: «en él» (Jesús) «es justificado todo aquel que cree». No creo que ninguna de mis palabras lo podría expresar de una forma más clara que esta.
ESCRITURA:
Romanos 8:30c: “A los que justificó, a éstos también glorificó.”
TESORO BÍBLICO:
¿Qué significa ser justificado? Significa ser declarado justo. La justificación no es ser bueno, aún cuando el ser bueno glorifica a Dios. Cuando usted pone su fe en donde Dios pone sus pecados, Dios pone el sello de“Justo” sobre su nombre en el libro de la vida del Cordero. No es por lo que usted ha hecho o hará, sino por haber sido justificado. Ninguna corte humana lo puede justificar. Sin embargo, lo que Dios hace no es solamente tomar al pecador y perdonarle sus pecados, sino que hace al culpablejusto como si nunca jamás hubiera pecado. Eso es justificación.
PUNTO DE ACCIÓN:
Si usted viviera cada momento creyendo en la justificación que Dios le ha dado, ¿cómo se fortalecería su fe? ¿Tendría más disposición para compartir el regalo del amor de Dios?



PASTOR: Rigoberto Gómez E