21 sep 10
«CUANDO EL INFIERNO ABRIÓ SU BOCA»
por el Hermano Pablo
Era un simple tubo de metal. Pero era un tubo que transportaba petróleo venezolano. El tubo estaba al descubierto, a unos 500 kilómetros al sureste de Caracas. A fines del mes de diciembre, un autobús se salió de la ruta y chocó contra el tubo, y el tubo estalló.
En cuestión de segundos, el vehículo se vio envuelto en enormes llamas. Treinta personas perecieron en aquel infierno. Alberto Restán, un joven pasajero que por milagro escapó vivo, dijo a los diarios: «La gente gritaba desesperadamente cuando se produjo el choque. Pero cuando el infierno abrió su boca, cesaron todos los gritos.»
«Cuando el infierno abrió su boca.» La frase es impactante. Por eso se usa con frecuencia en la literatura universal. La boca del infierno representa todo peligro genuino, toda amenaza verdadera, todo acto de maldad desatada y toda violencia incontenible.
En este sentido hay muchas situaciones simbólicas en que el infierno abre su boca. A veces es la puerta de una cantina adonde el padre de familia va a gastar el dinero de la semana. A veces es un negocio turbio donde el hombre deja enterrada integridad, conciencia y moral.
A veces lo que debiera ser lo más bello en esta vida, el matrimonio, resulta ser no sólo la boca del infierno sino el infierno mismo debido a insolencias y hostilidades. El orgullo y la rebeldía deshacen el hogar, quebrantan a los niños y convierten en llamas de horror lo que comenzó siendo nido de amor.
Somos nosotros los que provocamos nuestros infiernos. Es increíble el mal que nos hacemos a nosotros mismos. Creemos que cuando nos imponemos, forzando nuestra opinión y exigiendo que se respeten nuestras disposiciones, salimos ganando. Pero es todo lo contrario.
¿Por qué habrá tanta disensión en el mundo? ¿Por qué será que hermanos se matan unos a otros? ¿Por qué los recién casados, que comenzaron con las más grandes ilusiones de amor, llegan a odiarse? Por una sola razón: la rebeldía y el egoísmo. ¿Cuándo reconoceremos que el problema lo somos nosotros mismos?
El día en que nuestro mayor anhelo sea agradar a Cristo agradaremos a los que están a nuestro lado. Con eso estaremos, también, agradándonos a nosotros mismos. No nos sigamos destruyendo. Arreglemos hoy mismo nuestras cuentas con Dios. La paz con Dios trae paz a nuestra alma.
martes, 21 de septiembre de 2010
viernes, 3 de septiembre de 2010
NIEVE, VIENTO Y SOL
por el Hermano Pablo
Un blanco manto se extendía por todos lados. Era la primera nevada otoñal en Noruega, y la nación entera estaba cubierta del blanco armiño.
Tres niños jugaban en la nieve: la pequeña Silje Redegaard, de cinco años de edad, y dos amiguitos de ella, uno de cinco años y otro de seis.
De pronto, en un sorpresivo estallido de violencia, los dos niños comenzaron a pegarle con palos a Silje Redegaard, hasta que quedó inconsciente. Poco tiempo después murió, congelada. Los dos homicidas pudieron explicar lo que pasó. Lo maravilloso, lo increíble, lo inesperado fue la reacción de la madre de Silje, Beathe Redegaard, pues dijo: «Yo perdono a estos niños. Ellos no sabían lo que hacían.»
Aquel trágico suceso sacudió a toda Noruega, un país excepcionalmente culto, pacífico y ordenado. Nadie hubiera esperado que dos niños tan pequeños tuvieran tal ataque de furia. En la blanca nieve del otoño, sopló, de golpe, el viento de la violencia. Pero luego hubo, también, un rayo de sol: el perdón de la madre de la niña muerta.
La nieve, el viento y el sol pueden emplearse como símbolos del drama universal humano. La nieve es fría, inmóvil, silenciosa. Representa, en toda su indiferencia y frialdad, la muerte. El viento, que a veces se vuelve torbellino al soplar con furia descontrolada, representa la violencia. Y el sol, cálido y bueno, representa la acción perdonadora y salvadora de Dios. Por eso a Cristo se le llama en la Biblia «el sol de justicia» (Malaquías 4:2).
Toda acción ofensiva de los hombres —toda injusticia, todo despotismo, todo pecado— trae aparejada la muerte. «La paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23a) es la sentencia inapelable de Dios. Y hay que reconocer que vientos de violencia soplan furiosos por todas las comarcas del mundo.
Sin embargo, hay un Sol de justicia que nos ofrece perdón, tal como se lo ofreció Beathe Redegaard a los dos niños asesinos de su hijita. Puede haber en la humanidad mucha violencia, mucha maldad y mucho pecado, pero por encima de todo hay un inmenso manto de perdón.
Fue San Pablo quien dijo que «la paga del pecado es muerte». Pero añadió que «la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor» (Romanos 6:23b). El sacrificio de Cristo al morir en la cruz basta para limpiar todos nuestros pecados.
Si le pedimos perdón a Dios, no importa cuáles ni cuántos han sido nuestros pecados, con tal que nos arrepintamos sincera y profundamente. Cristo desea ser nuestro Salvador.
www.conciencia.net
Un blanco manto se extendía por todos lados. Era la primera nevada otoñal en Noruega, y la nación entera estaba cubierta del blanco armiño.
Tres niños jugaban en la nieve: la pequeña Silje Redegaard, de cinco años de edad, y dos amiguitos de ella, uno de cinco años y otro de seis.
De pronto, en un sorpresivo estallido de violencia, los dos niños comenzaron a pegarle con palos a Silje Redegaard, hasta que quedó inconsciente. Poco tiempo después murió, congelada. Los dos homicidas pudieron explicar lo que pasó. Lo maravilloso, lo increíble, lo inesperado fue la reacción de la madre de Silje, Beathe Redegaard, pues dijo: «Yo perdono a estos niños. Ellos no sabían lo que hacían.»
Aquel trágico suceso sacudió a toda Noruega, un país excepcionalmente culto, pacífico y ordenado. Nadie hubiera esperado que dos niños tan pequeños tuvieran tal ataque de furia. En la blanca nieve del otoño, sopló, de golpe, el viento de la violencia. Pero luego hubo, también, un rayo de sol: el perdón de la madre de la niña muerta.
La nieve, el viento y el sol pueden emplearse como símbolos del drama universal humano. La nieve es fría, inmóvil, silenciosa. Representa, en toda su indiferencia y frialdad, la muerte. El viento, que a veces se vuelve torbellino al soplar con furia descontrolada, representa la violencia. Y el sol, cálido y bueno, representa la acción perdonadora y salvadora de Dios. Por eso a Cristo se le llama en la Biblia «el sol de justicia» (Malaquías 4:2).
Toda acción ofensiva de los hombres —toda injusticia, todo despotismo, todo pecado— trae aparejada la muerte. «La paga del pecado es muerte» (Romanos 6:23a) es la sentencia inapelable de Dios. Y hay que reconocer que vientos de violencia soplan furiosos por todas las comarcas del mundo.
Sin embargo, hay un Sol de justicia que nos ofrece perdón, tal como se lo ofreció Beathe Redegaard a los dos niños asesinos de su hijita. Puede haber en la humanidad mucha violencia, mucha maldad y mucho pecado, pero por encima de todo hay un inmenso manto de perdón.
Fue San Pablo quien dijo que «la paga del pecado es muerte». Pero añadió que «la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús, nuestro Señor» (Romanos 6:23b). El sacrificio de Cristo al morir en la cruz basta para limpiar todos nuestros pecados.
Si le pedimos perdón a Dios, no importa cuáles ni cuántos han sido nuestros pecados, con tal que nos arrepintamos sincera y profundamente. Cristo desea ser nuestro Salvador.
www.conciencia.net
miércoles, 1 de septiembre de 2010
IMÁGENES DESENFOCADAS
por Carlos Rey
Era la primavera del año 1965. El astrofísico francés, Jacques Blamont, había tenido una extraordinaria oportunidad de fotografiar ciertas posiciones estelares que no volverían a repetirse en medio siglo. El mundo astronómico esperaba con ansiedad los resultados de aquellas fotos. El científico mismo casi pierde la paciencia al esperar el revelado de la película y la impresión de las fotografías.
Cuando éstas, al fin, se examinaron, hubo pánico entre los astrónomos. El equipo fotográfico había fallado. Parece que uno de los lentes se había aflojado, y todo el resultado de ese trabajo, que no podía repetirse, había quedado fuera de enfoque.
Cuando el científico ya se disponía a echar a la basura su trabajo, Jorge Stroke, un ingeniero eléctrico, le dijo: «No lo botes, Jacques. Dame un poco de tiempo, a ver si de estas fotografías desenfocadas no te produzco algo que te pueda servir.» En efecto, no le tomó más de un año cumplir su promesa.
Stroke había descubierto que esas imágenes, llamadas fotografías, no eran más que una serie de sombras y luces formadas por puntitos microscópicos que, por estar tan unidos, se reproducían como una foto. Cuando la fotografía estaba desenfocada, aquellos puntos microscópicos estaban desparramados y se traslapaban unos sobre otros. Para reproducir una foto enfocada de nuevo —dedujo Stroke—, tendría que trabajar, por medio de un microscopio, con cada célula de luz y volverla a su posición original. Así fue como el 18 de marzo del año 1966, el ingeniero Stroke logró entregarle las fotografías al científico Blamont en una condición casi perfecta. El milagro de la hazaña fue la gran noticia en el mundo científico.
Así como cada una de las fotos iniciales de Blamont, también la vida de muchos de nosotros no es más que una imagen desenfocada. Nada está claro. Nada tiene definición. Nada nos sale bien. Nuestra vida revela una evidente falta de nitidez. Pero gracias a nuestro Padre celestial, hay un Ingeniero que sabe cómo tomar nuestra vida opaca e indefinida y hacer de ella una imagen nítida, de alta definición. Se trata de su Hijo Jesucristo. El apóstol Pablo nos explica que Dios «nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al [reino de luz, el] reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados». Cristo es
la imagen del Dios invisible,
el primogénito de toda creación,
porque por medio de él fueron creadas todas las cosas
en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles
todo ha sido creado
por medio de él y para él.
Él es anterior a todas las cosas,
que por medio de él forman un todo coherente.1
Cristo puede limpiar todo lo borroso de nuestra vida. Él quiere aclararla y darle nitidez. Pero no requiere de un año para lograrlo. Basta con que le demos un instante para que lo haga.
1 Col 1:12-17
www.conciencia.net
La imagen desenfocada del primer Hombre Adán, hoy es renovada en Cristo.
Era la primavera del año 1965. El astrofísico francés, Jacques Blamont, había tenido una extraordinaria oportunidad de fotografiar ciertas posiciones estelares que no volverían a repetirse en medio siglo. El mundo astronómico esperaba con ansiedad los resultados de aquellas fotos. El científico mismo casi pierde la paciencia al esperar el revelado de la película y la impresión de las fotografías.
Cuando éstas, al fin, se examinaron, hubo pánico entre los astrónomos. El equipo fotográfico había fallado. Parece que uno de los lentes se había aflojado, y todo el resultado de ese trabajo, que no podía repetirse, había quedado fuera de enfoque.
Cuando el científico ya se disponía a echar a la basura su trabajo, Jorge Stroke, un ingeniero eléctrico, le dijo: «No lo botes, Jacques. Dame un poco de tiempo, a ver si de estas fotografías desenfocadas no te produzco algo que te pueda servir.» En efecto, no le tomó más de un año cumplir su promesa.
Stroke había descubierto que esas imágenes, llamadas fotografías, no eran más que una serie de sombras y luces formadas por puntitos microscópicos que, por estar tan unidos, se reproducían como una foto. Cuando la fotografía estaba desenfocada, aquellos puntos microscópicos estaban desparramados y se traslapaban unos sobre otros. Para reproducir una foto enfocada de nuevo —dedujo Stroke—, tendría que trabajar, por medio de un microscopio, con cada célula de luz y volverla a su posición original. Así fue como el 18 de marzo del año 1966, el ingeniero Stroke logró entregarle las fotografías al científico Blamont en una condición casi perfecta. El milagro de la hazaña fue la gran noticia en el mundo científico.
Así como cada una de las fotos iniciales de Blamont, también la vida de muchos de nosotros no es más que una imagen desenfocada. Nada está claro. Nada tiene definición. Nada nos sale bien. Nuestra vida revela una evidente falta de nitidez. Pero gracias a nuestro Padre celestial, hay un Ingeniero que sabe cómo tomar nuestra vida opaca e indefinida y hacer de ella una imagen nítida, de alta definición. Se trata de su Hijo Jesucristo. El apóstol Pablo nos explica que Dios «nos libró del dominio de la oscuridad y nos trasladó al [reino de luz, el] reino de su amado Hijo, en quien tenemos redención, el perdón de pecados». Cristo es
la imagen del Dios invisible,
el primogénito de toda creación,
porque por medio de él fueron creadas todas las cosas
en el cielo y en la tierra, visibles e invisibles
todo ha sido creado
por medio de él y para él.
Él es anterior a todas las cosas,
que por medio de él forman un todo coherente.1
Cristo puede limpiar todo lo borroso de nuestra vida. Él quiere aclararla y darle nitidez. Pero no requiere de un año para lograrlo. Basta con que le demos un instante para que lo haga.
1 Col 1:12-17
www.conciencia.net
La imagen desenfocada del primer Hombre Adán, hoy es renovada en Cristo.
martes, 31 de agosto de 2010
TRES PRINCIPIOS CONCERNIENTES A LO INADECUADO DE LAS HOJAS DE HIGUERA
Esto nunca ha cambiado. La religión humana siempre tuvo muchísimo en común con las hojas de higuera. Permítame mencionar al menos tres cosas en común.
Las hojas de higuera son el intento ceremonial del hombre de eludir el rendir cuentas
1. las hojas de son el intento ceremonial del hombre de eludir el rendir cuenta.
El hombre no quiere admitir que hay algo en el que esta mal, o que es pecaminoso, así que se cubre con ceremonias religiosas y rituales. Personalmente, creo que hay personas que tratan a la iglesia como si esta fuera hojas de higuera –se esconden dentro de la iglesia. Y la mayoría de las iglesias dicen: “Esta bien, no hay problema, pueden esconderse aquí. No le vamos a hablar de Dios, del pecado y de la redención o la culpa…aquí están seguros.”
¿Usted piensa que puede esconderse de Dios en la iglesia?
¿Piensa que puede esconderse de Dios en algún lado?
David dijo, en el Salmo 139, versículo 8 al 12,
“Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz.”
Uno no puede eludir rendir cuentas con Dios. El día va a llegar. Uno no puede esconderse detrás de sus hojas religiosas.
Las hojas de higuera son el intento desesperado de salvar una conciencia culpable
2. En segundo lugar, las hojas de higuera son el intento desesperado de salvar una conciencia culpable.
La verdad es que, la humanidad, según Romanos capitulo 2, es conciente, el hombre es conciente de que Dios lo creo. La conciencia le susurra que es pecador y que esta desnudo ante Dios.
El hombre sabe que esta desnudo y esta lleno de vergüenza. “voy a prender una vela, a ungirme con aceite…donar dinero…derramar agua sobre mi cuerpo. Por favor, que alguien calle esta vergüenza que siento.
La religión es el método mas popular que el hombre tiene para silenciar una conciencia culpable.
Las hojas de higuera son el intento egocéntrico del hombre de impresionar a otros e ignorar a la verdadera piedad.
3. En tercer lugar, las hojas de higuera son el intento egocéntrico del hombre de impresionar a otros e ignorar a la verdadera piedad.
Si adelantamos la película de la historia humana llegamos al siglo primero, adonde la religión iniciada por Adán y Eva floreció. Se trata de la religión de las apariencias piadosas y actividades piadosas sin pureza en el corazón o una relación personal con Dios.
Jesucristo dijo lo siguiente de los líderes judíos de su época en Mateo 23, versículos 5 al 7,
“Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; 6y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, 7y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí.”
Las palabras de Cristo penetran y cortan esos delantales de hoja de higuera, llenos de orgullo religioso y piedad y El dice, en el versículo 28 del mismo capítulo,
“Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.”
A los ojos de los hombres, la persona religiosa se las sabe todas. Si Dios puede impresionarse con alguien, esta impresionado con el judío fiel. Pablo dio todas las razones por las cuales es así. Estaban orgullosos de tener la Ley, o el Torah, eran personas morales, y hablaban con respeto de Dios y conocían su voluntad. Enseñaban la verdad del Torah y sus pautas morales a otros. Todo sonaba muy bien; parecían tener todo resuelto en un sistema.
Pero Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, les quita la mascara y deja en descubierto que sus labios adoraban a Jehová, pero sus corazones estaban lejos de El. Y Pablo anticipa la respuesta que ellos darían.
El judío fiel es arrinconado. Sabia que no amaba a Dios; sabia que su corazón estaba lejos de Dios.
Pablo sabía que el judío fiel iba a caer en la última defensa. Seguramente le judío estaba bien con Dios, ya que tenia la marca del pacto. Había sido circuncidado según el mandamiento y la promesa de Dios a Abraham.
Esta es la ultima carta que le judío podía jugar; es su ultima esperanza antes de ser expuesto como pecador; es la gran hoja de higuera.
Tres principios en cuanto a la insuficiencia de los rituales religiosos
Pablo va a presentar tres principios básicos para revelar que la circuncisión solo es una hoja de higuera.
Los rituales religiosos no pueden reemplazar una vida justa
1. El primer principio es que los rituales religiosos no pueden reemplazar una vida justa.
Fíjese en Romanos capítulo 2, versículo 25. Nuevamente Pablo anticipa la respuesta de ellos de “nosotros estamos circuncidados” y dice:
“Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión.”
En otras palabras, los rituales religiosos, de por si, por mas que sean un acto de obediencia, no cuentan como reemplazo de un vivir piadoso.
Ahora, los rituales pueden tener su lugar y su valor. Pablo no esta diciendo que el ritual no sirve para nada, El simplemente esta diciendo que un símbolo de obediencia no tiene valor sin una vida de obediencia.
El continúa diciendo, en el versículo 26,
“Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión?”
En otras palabras el hombre que vive una vida piadosa y nunca ha sido circuncidado esta en mejores condiciones que el que fue circuncidado pero no se esfuerza en guardar la ley.
¿Por qué? Porque la circuncisión era una marca física en las personas dedicadas a Dios y a Su palabra. Representaba un corazón de amor por Dios y una vida de santidad. ¿Pero que era mejor? ¿Tener la marca y no amar a Dios y ser desobediente o no tener la marca y amar a Dios?
La respuesta es obvia. Tal como le decía Dios al profeta Samuel en cuanto a los sacrificios de animales en I Samuel capítulo 15, versículo 22,
“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios…”
Nunca fue la intención de Dios que la fe se depositara en una marca física, sino que esta fuera depositada en Dios, en El mismo. La gente comenzó a creer que la marca era suficiente, inclusive sin tener una relación con Dios.
Imagínese si yo me pongo un clavel blanco en el saco y le digo: “Este es el símbolo de mi pacto de amar a mi familia. Voy a ponerme esta flor como símbolo de mi compromiso a amar a mis hijos y a mi esposa.”
Y cada vez que usted me ve, ve ese clavel en mi saco y piensa: “Ese hombre si que esta comprometido con su familia.”
Ahora, supongamos que me ve actuando de manera egoísta hacia mi familia. Tal vez me ve gritándole a mis hijos afuera de la iglesia. Usted entonces, se dirige a mi y me dice: “Oiga, eso no parece algo muy amoroso de su parte.”
Y yo le contesto, “Perdón, ¿no ve mi clavel? ¿Esta ciego?
Usted me dice, “Pero escuche lo que le dijo a su familia.”
“Y a quien le importa. Olvídese de mi familia. Tengo un clavel y eso es lo que cuenta.”
Amigos, yo hice nulo ese clavel. De hecho, lo transforme en un símbolo de hipocresía.
El judío estaba diciendo, “Olvídense de la Ley; olvídense de un corazón de amor hacia Dios; olvídense de la obediencia a Su palabra. Tengo la marca de la circuncisión, y eso es lo que cuenta.”
¿Se da cuenta lo que Pablo esta haciendo aquí?
Todo lo que el judío tenia era un ritual –sin la realidad de lo que este ritual significaba.
Confianza en la actividad externa no va a proteger contra la cuentas a rendir ante Dios
2. El segundo principio es: confiar en la actividad eterna no va a protegerlo de las cuentas que tiene que rendir delante de Dios.
Pablo continúa, en Romanos capitulo 2, versículo 27, escribiendo lo siguiente:
“Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley.”
Los rabinos enseñaban, en la época de Pablo, que ningún hombre circuncidado vería el infierno. Un escrito judío decía “La circuncisión salva del infierno.”
Hasta en el Midrash decía que “Dios le juro a Abraham que ninguno que haya sido circuncidado iría al infierno.”
El judío se sentía seguro –al igual que el religioso de la actualidad, que se siente seguro con su bautismo, labores en la iglesia y reputación moral.
¿Se imagina que a un judío se le diga, como dice el versículo 27, que seria juzgado por un gentil? Si podían ser juzgados por un Gentil, ¿Qué esperanza tendrían ante el trono de Dios?
Ese pensamiento debe de haber estremecido sus mentes y, literalmente sacudido su seguridad y sentimiento de seguridad.
Las raíces religiosas no garantizan la aprobación de Dios
3. El tercer principio es que las raíces religiosas no garantizan la aprobación divina.
Continuemos con Romanos capitulo 2, versículos 28 al 29ª,
“Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; 29sino que es judío el que lo es en lo interior…”
Aquí tenemos otra verdad impactante. El ser judío, era mas que nada, una marca física, implicaba ser descendiente de Abraham. Era una cuestión del corazón.
La religión siempre enfatiza la obra de las manos; el cristianismo enfatiza la condición de su corazón. La religión siempre se enfoca en lo que podemos hacer; la aprobación con Dios se enfoca en el por que lo hacemos.
Usted, ¿ora? ¿Por qué? ¿Da dinero a la iglesia? ¿Por qué? ¿Hace ayuno? ¿Por qué? ¿Vive una vida moral? ¿Por qué?
La religión nunca pregunta por que uno hace lo que hace; Dios si. El profeta Samuel escribió lo siguiente en el capitulo 16, versículo 7b,
“…porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.”
La religión esta muy ocupada haciendo delantales de hojas de higuera; Dios esta obrando en los corazones.
Aplicación- ¿Cómo nos despojamos de las hojas de higuera?
Entonces, ¿Cómo nos despojamos de las hojas de higuera? Permítame sugerirle tres maneras.
Se debe reconocer la ineficacia de las hojas de higuera
1. Se debe reconocer la ineficacia de las hojas de higuera
Para Adán y Eva, sus vestimentas de hojas de higuera fueron una buena idea. Probablemente pensaron y se dijeron el uno al otro, “Ya esta, con esto solucionamos el problema de la vergüenza.”
Pero no fue así –no podía ser así. Todo lo que les quedo de su clase de costura fue culpa, más vergüenza e incertidumbre.
Las hojas de higuera no pueden cubrir el pecado.
Se debe cambiar las hojas de higuera por una verdadera confesión.
2. Se debe cambiar las hojas de higuera por una verdadera confesión.
Hace poco en el periódico vi otra ilustración de la falsa religión. Se trataba de un articulo sobre una iglesia en Los Ángeles. Era una iglesia de varios miles de miembros y el pastor de la misma es un tal ‘Michael Beckwith” Uno de los miembros dijo “jamás es aburrido o infunde temor o culpa.”
El periodista resaltaba que , “en un tiempo en el que muchos dicen ser espirituales y se alejan de la autoridad y texto, Ágape parece satisfacer el anhelo de muchos por hacer conexiones y celebrar sin tener que temer a demandas teológicas o doctrinales en fe o en practica. “Aquí no se habla de condenación.” Decía el articulo, “Nosotros no creemos en que uno nace en pecado. Dice el pastor Beckwith, “nacemos bendecidos.” Mientras algunos buscan salvación, nosotros la llamamos “auto-elevación”. Esta no es una religión de la nueva era, sino que es un pensamiento nuevo combinado con la sabiduría antigua.”
Estoy de acuerdo con eso último, es muy antiguo el concepto. Proviene de Génesis, capítulo 3, cuando dos personas emplearon su propia religión, que parecía ser tan sabia. No había condenación allí; era una manera de sentirse mejor en cuanto a si mismos. Y parecía algo sabia -¡hasta que Dios entro en escena!
El problema con esta religión es que si uno no habla del pecado, entonces no se necesita un Salvador, y si no se habla del juicio, entonces uno no puede tener un Redentor.
Puede que usted sea religioso y que vaya a la iglesia, pero en realidad solo este involucrado en la última tendencia de hojas de higuera.
Las hojas de higuera deben de restituirse con el sustituto expiatorio de Dios.
3. Las hojas de higuera deben de restituirse con el sustituto expiatorio de Dios.
El primer acto religioso de la humanidad fue el de coser hojas de higuera. El primer acto redentivo de Dios fue el de quitarle la vida a un animal inocente, matándolo, quitándole la piel y haciendo así, delantales de pieles para esta pareja.
¿Era el simple hecho que la piel es mejor que las hojas?
No, era cuestión de sacrificio. Para que ellos pudieran vivir alguien tenía que morir. Para que usted sea perdonado, alguien tiene que expiar sus pecados. Alguien tiene que morir para pagar el precio por el pecado y que usted quede libre.
Y en las primeras paginas de Génesis, tenemos el cuadro del futuro sacrificio [de Cristo] que moriría por los pecados del mundo.
En el libro de Hebreos, un libro del Nuevo Testamento escrito especialmente a judíos, el escritor dice lo siguiente, en el capítulo 10, versículos 10 al 12.
“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; 12pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios…”
Ahora el 14,
“porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”
Pasemos ahora a los versículos 16 al 17
“Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.”
Las hojas de higuera no pueden lograr eso. El sacrificio expiatorio de Cristo por usted y por mi si puede hacerlo.
Así que si usted aun no lo ha hecho, lo animo a que deje de lado la ultima moda en hojas de higuera, arrepiéntase y pido a Cristo que lo salve. Déle su corazón al Señor.
Las hojas de higuera son el intento ceremonial del hombre de eludir el rendir cuentas
1. las hojas de son el intento ceremonial del hombre de eludir el rendir cuenta.
El hombre no quiere admitir que hay algo en el que esta mal, o que es pecaminoso, así que se cubre con ceremonias religiosas y rituales. Personalmente, creo que hay personas que tratan a la iglesia como si esta fuera hojas de higuera –se esconden dentro de la iglesia. Y la mayoría de las iglesias dicen: “Esta bien, no hay problema, pueden esconderse aquí. No le vamos a hablar de Dios, del pecado y de la redención o la culpa…aquí están seguros.”
¿Usted piensa que puede esconderse de Dios en la iglesia?
¿Piensa que puede esconderse de Dios en algún lado?
David dijo, en el Salmo 139, versículo 8 al 12,
“Si subiere a los cielos, allí estás tú; Y si en el Seol hiciere mi estrado, he aquí, allí tú estás. Si tomare las alas del alba Y habitare en el extremo del mar, Aun allí me guiará tu mano, Y me asirá tu diestra. Si dijere: Ciertamente las tinieblas me encubrirán; Aun la noche resplandecerá alrededor de mí. Aun las tinieblas no encubren de ti, Y la noche resplandece como el día; Lo mismo te son las tinieblas que la luz.”
Uno no puede eludir rendir cuentas con Dios. El día va a llegar. Uno no puede esconderse detrás de sus hojas religiosas.
Las hojas de higuera son el intento desesperado de salvar una conciencia culpable
2. En segundo lugar, las hojas de higuera son el intento desesperado de salvar una conciencia culpable.
La verdad es que, la humanidad, según Romanos capitulo 2, es conciente, el hombre es conciente de que Dios lo creo. La conciencia le susurra que es pecador y que esta desnudo ante Dios.
El hombre sabe que esta desnudo y esta lleno de vergüenza. “voy a prender una vela, a ungirme con aceite…donar dinero…derramar agua sobre mi cuerpo. Por favor, que alguien calle esta vergüenza que siento.
La religión es el método mas popular que el hombre tiene para silenciar una conciencia culpable.
Las hojas de higuera son el intento egocéntrico del hombre de impresionar a otros e ignorar a la verdadera piedad.
3. En tercer lugar, las hojas de higuera son el intento egocéntrico del hombre de impresionar a otros e ignorar a la verdadera piedad.
Si adelantamos la película de la historia humana llegamos al siglo primero, adonde la religión iniciada por Adán y Eva floreció. Se trata de la religión de las apariencias piadosas y actividades piadosas sin pureza en el corazón o una relación personal con Dios.
Jesucristo dijo lo siguiente de los líderes judíos de su época en Mateo 23, versículos 5 al 7,
“Antes, hacen todas sus obras para ser vistos por los hombres. Pues ensanchan sus filacterias, y extienden los flecos de sus mantos; 6y aman los primeros asientos en las cenas, y las primeras sillas en las sinagogas, 7y las salutaciones en las plazas, y que los hombres los llamen: Rabí, Rabí.”
Las palabras de Cristo penetran y cortan esos delantales de hoja de higuera, llenos de orgullo religioso y piedad y El dice, en el versículo 28 del mismo capítulo,
“Así también vosotros por fuera, a la verdad, os mostráis justos a los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía e iniquidad.”
A los ojos de los hombres, la persona religiosa se las sabe todas. Si Dios puede impresionarse con alguien, esta impresionado con el judío fiel. Pablo dio todas las razones por las cuales es así. Estaban orgullosos de tener la Ley, o el Torah, eran personas morales, y hablaban con respeto de Dios y conocían su voluntad. Enseñaban la verdad del Torah y sus pautas morales a otros. Todo sonaba muy bien; parecían tener todo resuelto en un sistema.
Pero Pablo, bajo la inspiración del Espíritu Santo, les quita la mascara y deja en descubierto que sus labios adoraban a Jehová, pero sus corazones estaban lejos de El. Y Pablo anticipa la respuesta que ellos darían.
El judío fiel es arrinconado. Sabia que no amaba a Dios; sabia que su corazón estaba lejos de Dios.
Pablo sabía que el judío fiel iba a caer en la última defensa. Seguramente le judío estaba bien con Dios, ya que tenia la marca del pacto. Había sido circuncidado según el mandamiento y la promesa de Dios a Abraham.
Esta es la ultima carta que le judío podía jugar; es su ultima esperanza antes de ser expuesto como pecador; es la gran hoja de higuera.
Tres principios en cuanto a la insuficiencia de los rituales religiosos
Pablo va a presentar tres principios básicos para revelar que la circuncisión solo es una hoja de higuera.
Los rituales religiosos no pueden reemplazar una vida justa
1. El primer principio es que los rituales religiosos no pueden reemplazar una vida justa.
Fíjese en Romanos capítulo 2, versículo 25. Nuevamente Pablo anticipa la respuesta de ellos de “nosotros estamos circuncidados” y dice:
“Pues en verdad la circuncisión aprovecha, si guardas la ley; pero si eres transgresor de la ley, tu circuncisión viene a ser incircuncisión.”
En otras palabras, los rituales religiosos, de por si, por mas que sean un acto de obediencia, no cuentan como reemplazo de un vivir piadoso.
Ahora, los rituales pueden tener su lugar y su valor. Pablo no esta diciendo que el ritual no sirve para nada, El simplemente esta diciendo que un símbolo de obediencia no tiene valor sin una vida de obediencia.
El continúa diciendo, en el versículo 26,
“Si, pues, el incircunciso guardare las ordenanzas de la ley, ¿no será tenida su incircuncisión como circuncisión?”
En otras palabras el hombre que vive una vida piadosa y nunca ha sido circuncidado esta en mejores condiciones que el que fue circuncidado pero no se esfuerza en guardar la ley.
¿Por qué? Porque la circuncisión era una marca física en las personas dedicadas a Dios y a Su palabra. Representaba un corazón de amor por Dios y una vida de santidad. ¿Pero que era mejor? ¿Tener la marca y no amar a Dios y ser desobediente o no tener la marca y amar a Dios?
La respuesta es obvia. Tal como le decía Dios al profeta Samuel en cuanto a los sacrificios de animales en I Samuel capítulo 15, versículo 22,
“Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios…”
Nunca fue la intención de Dios que la fe se depositara en una marca física, sino que esta fuera depositada en Dios, en El mismo. La gente comenzó a creer que la marca era suficiente, inclusive sin tener una relación con Dios.
Imagínese si yo me pongo un clavel blanco en el saco y le digo: “Este es el símbolo de mi pacto de amar a mi familia. Voy a ponerme esta flor como símbolo de mi compromiso a amar a mis hijos y a mi esposa.”
Y cada vez que usted me ve, ve ese clavel en mi saco y piensa: “Ese hombre si que esta comprometido con su familia.”
Ahora, supongamos que me ve actuando de manera egoísta hacia mi familia. Tal vez me ve gritándole a mis hijos afuera de la iglesia. Usted entonces, se dirige a mi y me dice: “Oiga, eso no parece algo muy amoroso de su parte.”
Y yo le contesto, “Perdón, ¿no ve mi clavel? ¿Esta ciego?
Usted me dice, “Pero escuche lo que le dijo a su familia.”
“Y a quien le importa. Olvídese de mi familia. Tengo un clavel y eso es lo que cuenta.”
Amigos, yo hice nulo ese clavel. De hecho, lo transforme en un símbolo de hipocresía.
El judío estaba diciendo, “Olvídense de la Ley; olvídense de un corazón de amor hacia Dios; olvídense de la obediencia a Su palabra. Tengo la marca de la circuncisión, y eso es lo que cuenta.”
¿Se da cuenta lo que Pablo esta haciendo aquí?
Todo lo que el judío tenia era un ritual –sin la realidad de lo que este ritual significaba.
Confianza en la actividad externa no va a proteger contra la cuentas a rendir ante Dios
2. El segundo principio es: confiar en la actividad eterna no va a protegerlo de las cuentas que tiene que rendir delante de Dios.
Pablo continúa, en Romanos capitulo 2, versículo 27, escribiendo lo siguiente:
“Y el que físicamente es incircunciso, pero guarda perfectamente la ley, te condenará a ti, que con la letra de la ley y con la circuncisión eres transgresor de la ley.”
Los rabinos enseñaban, en la época de Pablo, que ningún hombre circuncidado vería el infierno. Un escrito judío decía “La circuncisión salva del infierno.”
Hasta en el Midrash decía que “Dios le juro a Abraham que ninguno que haya sido circuncidado iría al infierno.”
El judío se sentía seguro –al igual que el religioso de la actualidad, que se siente seguro con su bautismo, labores en la iglesia y reputación moral.
¿Se imagina que a un judío se le diga, como dice el versículo 27, que seria juzgado por un gentil? Si podían ser juzgados por un Gentil, ¿Qué esperanza tendrían ante el trono de Dios?
Ese pensamiento debe de haber estremecido sus mentes y, literalmente sacudido su seguridad y sentimiento de seguridad.
Las raíces religiosas no garantizan la aprobación de Dios
3. El tercer principio es que las raíces religiosas no garantizan la aprobación divina.
Continuemos con Romanos capitulo 2, versículos 28 al 29ª,
“Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; 29sino que es judío el que lo es en lo interior…”
Aquí tenemos otra verdad impactante. El ser judío, era mas que nada, una marca física, implicaba ser descendiente de Abraham. Era una cuestión del corazón.
La religión siempre enfatiza la obra de las manos; el cristianismo enfatiza la condición de su corazón. La religión siempre se enfoca en lo que podemos hacer; la aprobación con Dios se enfoca en el por que lo hacemos.
Usted, ¿ora? ¿Por qué? ¿Da dinero a la iglesia? ¿Por qué? ¿Hace ayuno? ¿Por qué? ¿Vive una vida moral? ¿Por qué?
La religión nunca pregunta por que uno hace lo que hace; Dios si. El profeta Samuel escribió lo siguiente en el capitulo 16, versículo 7b,
“…porque Jehová no mira lo que mira el hombre; pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón.”
La religión esta muy ocupada haciendo delantales de hojas de higuera; Dios esta obrando en los corazones.
Aplicación- ¿Cómo nos despojamos de las hojas de higuera?
Entonces, ¿Cómo nos despojamos de las hojas de higuera? Permítame sugerirle tres maneras.
Se debe reconocer la ineficacia de las hojas de higuera
1. Se debe reconocer la ineficacia de las hojas de higuera
Para Adán y Eva, sus vestimentas de hojas de higuera fueron una buena idea. Probablemente pensaron y se dijeron el uno al otro, “Ya esta, con esto solucionamos el problema de la vergüenza.”
Pero no fue así –no podía ser así. Todo lo que les quedo de su clase de costura fue culpa, más vergüenza e incertidumbre.
Las hojas de higuera no pueden cubrir el pecado.
Se debe cambiar las hojas de higuera por una verdadera confesión.
2. Se debe cambiar las hojas de higuera por una verdadera confesión.
Hace poco en el periódico vi otra ilustración de la falsa religión. Se trataba de un articulo sobre una iglesia en Los Ángeles. Era una iglesia de varios miles de miembros y el pastor de la misma es un tal ‘Michael Beckwith” Uno de los miembros dijo “jamás es aburrido o infunde temor o culpa.”
El periodista resaltaba que , “en un tiempo en el que muchos dicen ser espirituales y se alejan de la autoridad y texto, Ágape parece satisfacer el anhelo de muchos por hacer conexiones y celebrar sin tener que temer a demandas teológicas o doctrinales en fe o en practica. “Aquí no se habla de condenación.” Decía el articulo, “Nosotros no creemos en que uno nace en pecado. Dice el pastor Beckwith, “nacemos bendecidos.” Mientras algunos buscan salvación, nosotros la llamamos “auto-elevación”. Esta no es una religión de la nueva era, sino que es un pensamiento nuevo combinado con la sabiduría antigua.”
Estoy de acuerdo con eso último, es muy antiguo el concepto. Proviene de Génesis, capítulo 3, cuando dos personas emplearon su propia religión, que parecía ser tan sabia. No había condenación allí; era una manera de sentirse mejor en cuanto a si mismos. Y parecía algo sabia -¡hasta que Dios entro en escena!
El problema con esta religión es que si uno no habla del pecado, entonces no se necesita un Salvador, y si no se habla del juicio, entonces uno no puede tener un Redentor.
Puede que usted sea religioso y que vaya a la iglesia, pero en realidad solo este involucrado en la última tendencia de hojas de higuera.
Las hojas de higuera deben de restituirse con el sustituto expiatorio de Dios.
3. Las hojas de higuera deben de restituirse con el sustituto expiatorio de Dios.
El primer acto religioso de la humanidad fue el de coser hojas de higuera. El primer acto redentivo de Dios fue el de quitarle la vida a un animal inocente, matándolo, quitándole la piel y haciendo así, delantales de pieles para esta pareja.
¿Era el simple hecho que la piel es mejor que las hojas?
No, era cuestión de sacrificio. Para que ellos pudieran vivir alguien tenía que morir. Para que usted sea perdonado, alguien tiene que expiar sus pecados. Alguien tiene que morir para pagar el precio por el pecado y que usted quede libre.
Y en las primeras paginas de Génesis, tenemos el cuadro del futuro sacrificio [de Cristo] que moriría por los pecados del mundo.
En el libro de Hebreos, un libro del Nuevo Testamento escrito especialmente a judíos, el escritor dice lo siguiente, en el capítulo 10, versículos 10 al 12.
“En esa voluntad somos santificados mediante la ofrenda del cuerpo de Jesucristo hecha una vez para siempre. Y ciertamente todo sacerdote está día tras día ministrando y ofreciendo muchas veces los mismos sacrificios, que nunca pueden quitar los pecados; 12pero Cristo, habiendo ofrecido una vez para siempre un solo sacrificio por los pecados, se ha sentado a la diestra de Dios…”
Ahora el 14,
“porque con una sola ofrenda hizo perfectos para siempre a los santificados.”
Pasemos ahora a los versículos 16 al 17
“Este es el pacto que haré con ellos Después de aquellos días, dice el Señor: Pondré mis leyes en sus corazones, Y en sus mentes las escribiré, añade: Y nunca más me acordaré de sus pecados y transgresiones.”
Las hojas de higuera no pueden lograr eso. El sacrificio expiatorio de Cristo por usted y por mi si puede hacerlo.
Así que si usted aun no lo ha hecho, lo animo a que deje de lado la ultima moda en hojas de higuera, arrepiéntase y pido a Cristo que lo salve. Déle su corazón al Señor.
UNOS COMIENZOS NO TAN BUENOS EN EL LIBRO DE GÉNESIS
Usted habrá escuchado que Génesis es el libro de los comienzos. La mayoría de los comienzos son cosas maravillosas. Sin embargo, en este pasaje hay un numero de cosas que sucedieron por primera vez que no son tan buenas.
Se desobedeció a Dios
1. Esta es la primera vez en la historia de la humanidad que se desobedece a Dios.
Y eso no es todo, fíjese en el versículo 7,
“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos…”
Seres humanos experimentaron la vergüenza
2. Esta es la primera vez que un ser humano experimenta la vergüenza.
Perdieron la inocencia para siempre. Se avergonzaron de su desnudez.
Este pasaje continúa revelándonos, en el versículo 7b,
“…entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.”
La humanidad ha intentado limpiarse por sus propios medios
3. Esta es la primera vez que la humanidad trata de limpiarse a si misma.
Hasta este punto todo lo que tenían era provisto por Dios. Pero ahora, sabiendo que han desobedecido a Dios, no podían pedirle que les hiciera delantales para cubrir su vergüenza, así que los hacen ellos mismos. Intentan ocultar su sentimiento de culpa y vergüenza, resultado del pecado.
Primera vez que se realiza un acto religioso
4. Amigos, este es el primer acto religioso de la historia de la humanidad.
Continuamos con el versículo 8,
“Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día;”
Este no es el sonido de la voz de Dios, sino el sonido literal del caminar de Dios. Evidentemente, Dios se les manifestaba de alguna manera en forma física, de manera que Adán y Eva lo percibían. Esto es lo que los teólogos llaman una teofanía o “cristofania” El se aparecía literalmente en el huerto y caminaba con Adán y Eva en una dulce comunión.
El texto dice, en el versículo 8b,
“…y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.”
Primera vez que la humanidad se esconde de Dios
5. Esta es la primera referencia a la humanidad escondiéndose de Dios.
Es la primera vez que la humanidad es vista tratando de escapar la mirada de Dios.
¿Pero no tenían hojas de higuera?
Ellos habían lidiado con su pecado y vergüenza con delantales de hojas de higuera, ¿Por qué no desfilar delante de Dios diciendo, “Mire lo que hicimos.”?
Voy a decirle por que. Porque para ellos, en aquel entonces, y para la humanidad en la actualidad, la religión parece tener sentido hasta que uno esta en la presencia de un Dios santo que sabe absolutamente todo acerca de uno. La Biblia nos dice que nada permanece oculto de sus ojos.
Fíjese en el versículo 9,
“Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
Dios busca al hombre
6. Esta es la primera vez que Dios va en busca del hombre.
El hombre se esconde de Dios, pero Dios aquí va en busca del hombre.
Jesucristo dijo, en Lucas, capitulo 19, versículo 10,
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”
En Juan capitulo 4, versículo 23 leemos,
“…los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca…”
Aquí, en Génesis, tenemos la primera mención de Dios en una misión de búsqueda.
Continuemos con el versículo 10,
“Y [Adán] respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.”
El hombre tuvo miedo
7. ¿Se dio cuenta que el hombre admitió tener miedo? Esta es la primera vez que el verbo ‘tuve miedo’ aparece en la Biblia.
Usted dirá “Adán, tienes las hojas de higuera. No hay por que tener miedo.”
Amigo, hable con la persona mas devota que usted conozca y que no conozca a Cristo. Háblele al hombre o mujer que hace todo lo que puede por los demás. No faltan jamás a la iglesia o templo que asisten, dan dinero para caridad, son voluntarios en todo, hacen lo mas que pueden. Pregúntele como se sienten en cuanto a encontrase con Dios un día. Si son honestos, le responderán que tienen miedo.
¿No tenemos miedo todos? Si, en cierta manera todos tenemos miedo. Entonces, ¿Cómo entramos a la presencia de Dios con confianza? Hebreos capitulo 10, versículo 19 nos dice que podemos entrar a la mismísima presencia de Dios con confianza por medio de la sangre de Cristo. Aplicado a nuestros corazones, eso nos da seguridad en la fe.
Amigo, si usted no tiene fe en Cristo para su salvación –
• Usted puede venir a la iglesia, asistir a un estudio Bíblico y hasta enseñar –pero eso solo es una hoja de higuera,
• Usted puede orar cada noche y cada mañana –todo lo que esta haciendo es ponerse un delantal de hojas de higuera,
• Puede que de dinero a la iglesia o a los necesitados –pero seguirá cubierto por un delantal de hojas de higuera.
Si nunca lidio con el pecado y simplemente esta tratando de cubrirlo con las obras de sus manos, usted tendrá una vestidura impresionante de hojas de higuera, pero cuando Dios aparezca, usted querrá huir y esconderse.
Fíjese en Génesis, capítulo 3, versículos 11 y 12.
“Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? 12Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.”
“Ella me hizo hacerlo! Y ella fue tu idea, Señor. Yo no te pedí que me la dieras, Tu me la diste. Y ella me hizo hacerlo.”
Me imagino a Eva enfurecida. La sangre le subía a la cabeza. Las venas del cuello le sobresalían.
Continuamos con el versículo 13.
“Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.”
“O” dice Adán, “te quejas de mi porque te eche la culpa pero ahora le echas la culpa a la serpiente. ¡No seas hipócrita!
La humanidad experimenta la falta de armonía en el matrimonio
8. Todo esto esta registrado en el original en Hebreo. Esta es la primera indicación en la historia de la humanidad que los consejeros matrimoniales ganarían muchísimo dinero. Esta es la primera discusión matrimonial.
Antes que comenzara el día, la comunión entre Adán y Eva y entre Adán, Eva y Dios, era perfecta. No había ningún pecado que arruinara el paraíso.
Pero ahora, hay pecado, vergüenza, temor, culpa, y…la primera revelación de religión humana –en la forma de dos delantales, hechos con hojas de higuera.
Se desobedeció a Dios
1. Esta es la primera vez en la historia de la humanidad que se desobedece a Dios.
Y eso no es todo, fíjese en el versículo 7,
“Entonces fueron abiertos los ojos de ambos, y conocieron que estaban desnudos…”
Seres humanos experimentaron la vergüenza
2. Esta es la primera vez que un ser humano experimenta la vergüenza.
Perdieron la inocencia para siempre. Se avergonzaron de su desnudez.
Este pasaje continúa revelándonos, en el versículo 7b,
“…entonces cosieron hojas de higuera, y se hicieron delantales.”
La humanidad ha intentado limpiarse por sus propios medios
3. Esta es la primera vez que la humanidad trata de limpiarse a si misma.
Hasta este punto todo lo que tenían era provisto por Dios. Pero ahora, sabiendo que han desobedecido a Dios, no podían pedirle que les hiciera delantales para cubrir su vergüenza, así que los hacen ellos mismos. Intentan ocultar su sentimiento de culpa y vergüenza, resultado del pecado.
Primera vez que se realiza un acto religioso
4. Amigos, este es el primer acto religioso de la historia de la humanidad.
Continuamos con el versículo 8,
“Y oyeron la voz de Jehová Dios que se paseaba en el huerto, al aire del día;”
Este no es el sonido de la voz de Dios, sino el sonido literal del caminar de Dios. Evidentemente, Dios se les manifestaba de alguna manera en forma física, de manera que Adán y Eva lo percibían. Esto es lo que los teólogos llaman una teofanía o “cristofania” El se aparecía literalmente en el huerto y caminaba con Adán y Eva en una dulce comunión.
El texto dice, en el versículo 8b,
“…y el hombre y su mujer se escondieron de la presencia de Jehová Dios entre los árboles del huerto.”
Primera vez que la humanidad se esconde de Dios
5. Esta es la primera referencia a la humanidad escondiéndose de Dios.
Es la primera vez que la humanidad es vista tratando de escapar la mirada de Dios.
¿Pero no tenían hojas de higuera?
Ellos habían lidiado con su pecado y vergüenza con delantales de hojas de higuera, ¿Por qué no desfilar delante de Dios diciendo, “Mire lo que hicimos.”?
Voy a decirle por que. Porque para ellos, en aquel entonces, y para la humanidad en la actualidad, la religión parece tener sentido hasta que uno esta en la presencia de un Dios santo que sabe absolutamente todo acerca de uno. La Biblia nos dice que nada permanece oculto de sus ojos.
Fíjese en el versículo 9,
“Mas Jehová Dios llamó al hombre, y le dijo: ¿Dónde estás tú?
Dios busca al hombre
6. Esta es la primera vez que Dios va en busca del hombre.
El hombre se esconde de Dios, pero Dios aquí va en busca del hombre.
Jesucristo dijo, en Lucas, capitulo 19, versículo 10,
“Porque el Hijo del Hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.”
En Juan capitulo 4, versículo 23 leemos,
“…los verdaderos adoradores adorarán al Padre en espíritu y en verdad; porque también el Padre tales adoradores busca…”
Aquí, en Génesis, tenemos la primera mención de Dios en una misión de búsqueda.
Continuemos con el versículo 10,
“Y [Adán] respondió: Oí tu voz en el huerto, y tuve miedo, porque estaba desnudo; y me escondí.”
El hombre tuvo miedo
7. ¿Se dio cuenta que el hombre admitió tener miedo? Esta es la primera vez que el verbo ‘tuve miedo’ aparece en la Biblia.
Usted dirá “Adán, tienes las hojas de higuera. No hay por que tener miedo.”
Amigo, hable con la persona mas devota que usted conozca y que no conozca a Cristo. Háblele al hombre o mujer que hace todo lo que puede por los demás. No faltan jamás a la iglesia o templo que asisten, dan dinero para caridad, son voluntarios en todo, hacen lo mas que pueden. Pregúntele como se sienten en cuanto a encontrase con Dios un día. Si son honestos, le responderán que tienen miedo.
¿No tenemos miedo todos? Si, en cierta manera todos tenemos miedo. Entonces, ¿Cómo entramos a la presencia de Dios con confianza? Hebreos capitulo 10, versículo 19 nos dice que podemos entrar a la mismísima presencia de Dios con confianza por medio de la sangre de Cristo. Aplicado a nuestros corazones, eso nos da seguridad en la fe.
Amigo, si usted no tiene fe en Cristo para su salvación –
• Usted puede venir a la iglesia, asistir a un estudio Bíblico y hasta enseñar –pero eso solo es una hoja de higuera,
• Usted puede orar cada noche y cada mañana –todo lo que esta haciendo es ponerse un delantal de hojas de higuera,
• Puede que de dinero a la iglesia o a los necesitados –pero seguirá cubierto por un delantal de hojas de higuera.
Si nunca lidio con el pecado y simplemente esta tratando de cubrirlo con las obras de sus manos, usted tendrá una vestidura impresionante de hojas de higuera, pero cuando Dios aparezca, usted querrá huir y esconderse.
Fíjese en Génesis, capítulo 3, versículos 11 y 12.
“Y Dios le dijo: ¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no comieses? 12Y el hombre respondió: La mujer que me diste por compañera me dio del árbol, y yo comí.”
“Ella me hizo hacerlo! Y ella fue tu idea, Señor. Yo no te pedí que me la dieras, Tu me la diste. Y ella me hizo hacerlo.”
Me imagino a Eva enfurecida. La sangre le subía a la cabeza. Las venas del cuello le sobresalían.
Continuamos con el versículo 13.
“Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: ¿Qué es lo que has hecho? Y dijo la mujer: La serpiente me engañó, y comí.”
“O” dice Adán, “te quejas de mi porque te eche la culpa pero ahora le echas la culpa a la serpiente. ¡No seas hipócrita!
La humanidad experimenta la falta de armonía en el matrimonio
8. Todo esto esta registrado en el original en Hebreo. Esta es la primera indicación en la historia de la humanidad que los consejeros matrimoniales ganarían muchísimo dinero. Esta es la primera discusión matrimonial.
Antes que comenzara el día, la comunión entre Adán y Eva y entre Adán, Eva y Dios, era perfecta. No había ningún pecado que arruinara el paraíso.
Pero ahora, hay pecado, vergüenza, temor, culpa, y…la primera revelación de religión humana –en la forma de dos delantales, hechos con hojas de higuera.
LA RELIGIÓN : EL CAMINO AL INFIERNO
Romanos 2:25-28
La religión y el camino al infierno –Parte 4 “El ultimo grito de la moda en hojas de higuera”
Introducción.
Abra por favor su Biblia en el libro de Génesis, me gustaría mostrarle el primer acto religioso en la historia de la humanidad. Me gustaría emplear al menos la mitad de este programa en el libro de Génesis, comenzando con el capitulo 2, preparando así el escenario para lo que Pablo va a decir, siglos después, en Romanos capitulo 2.
Satanás se le apareció a Eva en el huerto para tentarla. Adán y Eva recibieron instrucciones de Dios de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Adán y Eva fueron creados por Dios en inocencia, pero tenían la habilidad de escoger, de tomar decisiones. Dios no creo robots que lo amaban y lo obedecían sin tener la habilidad de escoger. El nos creo con la posibilidad de elegir y cumplir con el mandamiento mas importante jamás dado a la humanidad; al cual lo hayamos en Mateo, capitulo 22, versículo 37,
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.”
Y una de las evidencias del verdadero amor a Dios es la obediencia de sus mandamientos. De hechos, en I Juan, capitulo 2, versículos 3 al 5 leemos:
“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. 4El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; 5pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.”
Usted dirá “Nadie pude ser perfecto en guardar los mandamientos.”
Bueno, es verdad. Sin embargo, el verdadero creyente desea guardarlos, mientras el incrédulo, no. Y el verdadero creyente admite su culpa y vergüenza, mientras el incrédulo la justifica o la cubre y hasta, en ocasiones, la niega. La marca del creyente no es la perfección en la vida, sino un patrón de vida que desea y escoge obedecer a Cristo y caminar tras El.
Dios le advirtió a Adán en Génesis, capitulo 2, versículos 16 y 17,
“Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”
Adán tuvo la opción de obedecer o desobedecer.
En este pasaje también podemos ver que el hombre era inmortal. Adán aun no había pecado pero, Dios le advierte, que si escoge pecar, la consecuencia será la muerte física. Esa consecuencia existe en la actualidad y, a propósito, en Romanos capitulo 6, versículo 23 leemos:
Porque la paga del pecado es muerte…
En otras palabras, una de las pruebas innegables de que tenemos la naturaleza de Adan y escogimos pecar también, es que todos experimentamos la misma consecuencia –todos un día vamos a morir físicamente.
El capitulo 3 de Génesis comienza con la serpiente, poseída por Satanás, tentando a Eva. El revela la belleza y las bondades de este fruto del árbol del cual Dios les dijo que no comieran.
¿No es como la tentación? Uno puede comer de todos los árboles excepto de uno -¿y tras cual va?
Dígale a un niño: “Puedes comer las galletitas de esta lata, y los dulces de esta otra, pero no se te ocurra comer los chocolates de esa caja.”
De repente, el deseo mayor de ese niño pasan a ser los chocolates.
Hace poco vi un programa de televisión en el que uno observaba a niños siendo tentados. Los llevaban de a uno a una habitación en donde se sentaban y alguien les ponía un plato con dulces. Luego la persona adulta les decía, “tengo que salir por un momento. No comas nada, cuando yo regrese podrás comer todo lo que quieras.”
La persona mayor salía y la cámara captaba la lucha del niño con la tentación.
• Una niña miraba el plato y hablaba sola, tratando de dejar de pensar en la tentación.
• Otra pequeña miraba el plato mientras balanceaba sus piernas, hasta que no podía más y se cubrió los ojos.
• Un muchachito miraba los dulces, se movía de un lado al otro, y luego se puso a cantar para poder dejar de pensar en las golosinas.
• Otro se levanto de su asiento y se alejo lo más que pudo, hablándose a si mismo una y otra vez.
¡Esas fueron buenas soluciones! Creo que el mejor fue el niño que se levanto y se fue. En otras palabras, si uno no ve, no va a desear.
Lo que la Biblia nos dice de Eva es que ella no se fue, sino que se entrego. Se puso a mirar con más atención. Fíjese en el capítulo 3, versículo 6.
“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.”
La tentación esta dividida en tres partes:
• La atracción física “…era bueno para comer…”
• La atracción emocional “…era agradable a los ojos…”
• La atracción intelectual: “…el árbol era codiciable para alcanzar la sabiduria…”
Este pecado tiene sentido.
A traes de los años, he hablado con personas que tienen las excusas casi perfectas para defender su pecado –razonamientos físicos, sentimientos, emociones y hasta defensas intelectuales. “lo que estoy haciendo no puede estar mal.”
Eso solo revela la profundidad de su engaño, ya que han sido segados por el dios de este mundo y no ven que las consecuencias de su pecado están a la vuelta de la esquina.
La religión y el camino al infierno –Parte 4 “El ultimo grito de la moda en hojas de higuera”
Introducción.
Abra por favor su Biblia en el libro de Génesis, me gustaría mostrarle el primer acto religioso en la historia de la humanidad. Me gustaría emplear al menos la mitad de este programa en el libro de Génesis, comenzando con el capitulo 2, preparando así el escenario para lo que Pablo va a decir, siglos después, en Romanos capitulo 2.
Satanás se le apareció a Eva en el huerto para tentarla. Adán y Eva recibieron instrucciones de Dios de no comer del árbol de la ciencia del bien y del mal. Adán y Eva fueron creados por Dios en inocencia, pero tenían la habilidad de escoger, de tomar decisiones. Dios no creo robots que lo amaban y lo obedecían sin tener la habilidad de escoger. El nos creo con la posibilidad de elegir y cumplir con el mandamiento mas importante jamás dado a la humanidad; al cual lo hayamos en Mateo, capitulo 22, versículo 37,
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente.”
Y una de las evidencias del verdadero amor a Dios es la obediencia de sus mandamientos. De hechos, en I Juan, capitulo 2, versículos 3 al 5 leemos:
“Y en esto sabemos que nosotros le conocemos, si guardamos sus mandamientos. 4El que dice: Yo le conozco, y no guarda sus mandamientos, el tal es mentiroso, y la verdad no está en él; 5pero el que guarda su palabra, en éste verdaderamente el amor de Dios se ha perfeccionado; por esto sabemos que estamos en él.”
Usted dirá “Nadie pude ser perfecto en guardar los mandamientos.”
Bueno, es verdad. Sin embargo, el verdadero creyente desea guardarlos, mientras el incrédulo, no. Y el verdadero creyente admite su culpa y vergüenza, mientras el incrédulo la justifica o la cubre y hasta, en ocasiones, la niega. La marca del creyente no es la perfección en la vida, sino un patrón de vida que desea y escoge obedecer a Cristo y caminar tras El.
Dios le advirtió a Adán en Génesis, capitulo 2, versículos 16 y 17,
“Y mandó Jehová Dios al hombre, diciendo: De todo árbol del huerto podrás comer; 17mas del árbol de la ciencia del bien y del mal no comerás; porque el día que de él comieres, ciertamente morirás.”
Adán tuvo la opción de obedecer o desobedecer.
En este pasaje también podemos ver que el hombre era inmortal. Adán aun no había pecado pero, Dios le advierte, que si escoge pecar, la consecuencia será la muerte física. Esa consecuencia existe en la actualidad y, a propósito, en Romanos capitulo 6, versículo 23 leemos:
Porque la paga del pecado es muerte…
En otras palabras, una de las pruebas innegables de que tenemos la naturaleza de Adan y escogimos pecar también, es que todos experimentamos la misma consecuencia –todos un día vamos a morir físicamente.
El capitulo 3 de Génesis comienza con la serpiente, poseída por Satanás, tentando a Eva. El revela la belleza y las bondades de este fruto del árbol del cual Dios les dijo que no comieran.
¿No es como la tentación? Uno puede comer de todos los árboles excepto de uno -¿y tras cual va?
Dígale a un niño: “Puedes comer las galletitas de esta lata, y los dulces de esta otra, pero no se te ocurra comer los chocolates de esa caja.”
De repente, el deseo mayor de ese niño pasan a ser los chocolates.
Hace poco vi un programa de televisión en el que uno observaba a niños siendo tentados. Los llevaban de a uno a una habitación en donde se sentaban y alguien les ponía un plato con dulces. Luego la persona adulta les decía, “tengo que salir por un momento. No comas nada, cuando yo regrese podrás comer todo lo que quieras.”
La persona mayor salía y la cámara captaba la lucha del niño con la tentación.
• Una niña miraba el plato y hablaba sola, tratando de dejar de pensar en la tentación.
• Otra pequeña miraba el plato mientras balanceaba sus piernas, hasta que no podía más y se cubrió los ojos.
• Un muchachito miraba los dulces, se movía de un lado al otro, y luego se puso a cantar para poder dejar de pensar en las golosinas.
• Otro se levanto de su asiento y se alejo lo más que pudo, hablándose a si mismo una y otra vez.
¡Esas fueron buenas soluciones! Creo que el mejor fue el niño que se levanto y se fue. En otras palabras, si uno no ve, no va a desear.
Lo que la Biblia nos dice de Eva es que ella no se fue, sino que se entrego. Se puso a mirar con más atención. Fíjese en el capítulo 3, versículo 6.
“Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría; y tomó de su fruto, y comió; y dio también a su marido, el cual comió así como ella.”
La tentación esta dividida en tres partes:
• La atracción física “…era bueno para comer…”
• La atracción emocional “…era agradable a los ojos…”
• La atracción intelectual: “…el árbol era codiciable para alcanzar la sabiduria…”
Este pecado tiene sentido.
A traes de los años, he hablado con personas que tienen las excusas casi perfectas para defender su pecado –razonamientos físicos, sentimientos, emociones y hasta defensas intelectuales. “lo que estoy haciendo no puede estar mal.”
Eso solo revela la profundidad de su engaño, ya que han sido segados por el dios de este mundo y no ven que las consecuencias de su pecado están a la vuelta de la esquina.
sábado, 28 de agosto de 2010
LA ESTATUA DE VENECIA
En Venecia hay una estatua reconocida por su belleza artística y sus líneas estéticas. La estatua se esculpió hace muchos siglos, y con el tiempo y el descuido se quebró en más de mil fragmentos.
Un día, un artista con suma paciencia encontró esos fragmentos y comenzó, poco a poco, a unirlos uno con otro. Invirtió muchos años de su vida en la restauración de la imagen quebrada. Cuando al fin terminó, aquello que había sido sólo basura volvió a ser una obra de arte que era objeto de admiración universal.
Si aquel artista en Venecia tuvo a bien dedicar tanto tiempo y trabajar con tanto esmero en la restauración de una imagen tallada inicialmente por otro, con mayor razón Dios, como el Artista por excelencia que es, siempre está dispuesto a invertir tiempo y a laborar con esmero en la restauración de seres humanos que Él mismo ha creado a su imagen. Y más aún cuando se considera que Dios es el único Artista que tiene tanto el interés como la capacidad que se requieren para hacerlo. Porque si bien otros escultores tenían la capacidad para restaurar esa estatua en Venecia y obtener los mismos resultados que el artista que lo hizo, no hay ningún otro Escultor, fuera de Dios, que pueda cambiar el corazón humano. Y si bien el escultor en Venecia estuvo dispuesto a sacrificarse para terminar el trabajo de restauración, invirtiendo muchos años de su vida, Dios, en la persona de su Hijo Jesucristo, no sólo estaba dispuesto a sacrificarse sino que dio su vida misma para terminar su obra de renovación.
Todo lo que hacemos por nuestra cuenta en beneficio propio tal vez produzca cultura o disciplina, pero no transforma nuestro corazón. En cambio, cuando nos ponemos en las manos del Escultor divino y le pedimos que perdone nuestros pecados y arregle así nuestras imperfecciones, algo sucede. Aquellos fragmentos de nuestra vida desilusionada, llena de amargura y de resentimiento, llena de odio y de rencor, y llena de vicios incontrolables, Dios los une y los restaura a su imagen y semejanza. Esa vida antigua nuestra, totalmente perdida, se vuelve nueva por su intervención divina. Y lo mejor de todo es que no hay persona alguna, por más descuidada y quebrada que esté su vida, que Él no pueda restaurar a la obra de arte que era cuando la creó.
Ahora bien, hay una diferencia fundamental entre esa estatua de Venecia y la vida de cada uno de nosotros. La estatua de Venecia no tenía voluntad propia, mientras que nosotros sí la tenemos. La estatua de Venecia no podía decidir si habría de ser restaurada o no. En cambio, en el caso nuestro somos nosotros los que decidimos si hemos de ser restaurados. Dios está dispuesto a emprender la obra. Él no sólo puede sino que quiere transformar nuestra vida. Él tiene la habilidad, el poder y la voluntad para hacerlo, pero nunca impone su voluntad. La decisión es nuestra.
En Venecia hay una estatua reconocida por su belleza artística y sus líneas estéticas. La estatua se esculpió hace muchos siglos, y con el tiempo y el descuido se quebró en más de mil fragmentos.
Un día, un artista con suma paciencia encontró esos fragmentos y comenzó, poco a poco, a unirlos uno con otro. Invirtió muchos años de su vida en la restauración de la imagen quebrada. Cuando al fin terminó, aquello que había sido sólo basura volvió a ser una obra de arte que era objeto de admiración universal.
Si aquel artista en Venecia tuvo a bien dedicar tanto tiempo y trabajar con tanto esmero en la restauración de una imagen tallada inicialmente por otro, con mayor razón Dios, como el Artista por excelencia que es, siempre está dispuesto a invertir tiempo y a laborar con esmero en la restauración de seres humanos que Él mismo ha creado a su imagen. Y más aún cuando se considera que Dios es el único Artista que tiene tanto el interés como la capacidad que se requieren para hacerlo. Porque si bien otros escultores tenían la capacidad para restaurar esa estatua en Venecia y obtener los mismos resultados que el artista que lo hizo, no hay ningún otro Escultor, fuera de Dios, que pueda cambiar el corazón humano. Y si bien el escultor en Venecia estuvo dispuesto a sacrificarse para terminar el trabajo de restauración, invirtiendo muchos años de su vida, Dios, en la persona de su Hijo Jesucristo, no sólo estaba dispuesto a sacrificarse sino que dio su vida misma para terminar su obra de renovación.
Todo lo que hacemos por nuestra cuenta en beneficio propio tal vez produzca cultura o disciplina, pero no transforma nuestro corazón. En cambio, cuando nos ponemos en las manos del Escultor divino y le pedimos que perdone nuestros pecados y arregle así nuestras imperfecciones, algo sucede. Aquellos fragmentos de nuestra vida desilusionada, llena de amargura y de resentimiento, llena de odio y de rencor, y llena de vicios incontrolables, Dios los une y los restaura a su imagen y semejanza. Esa vida antigua nuestra, totalmente perdida, se vuelve nueva por su intervención divina. Y lo mejor de todo es que no hay persona alguna, por más descuidada y quebrada que esté su vida, que Él no pueda restaurar a la obra de arte que era cuando la creó.
Ahora bien, hay una diferencia fundamental entre esa estatua de Venecia y la vida de cada uno de nosotros. La estatua de Venecia no tenía voluntad propia, mientras que nosotros sí la tenemos. La estatua de Venecia no podía decidir si habría de ser restaurada o no. En cambio, en el caso nuestro somos nosotros los que decidimos si hemos de ser restaurados. Dios está dispuesto a emprender la obra. Él no sólo puede sino que quiere transformar nuestra vida. Él tiene la habilidad, el poder y la voluntad para hacerlo, pero nunca impone su voluntad. La decisión es nuestra.
En Venecia hay una estatua reconocida por su belleza artística y sus líneas estéticas. La estatua se esculpió hace muchos siglos, y con el tiempo y el descuido se quebró en más de mil fragmentos.
Un día, un artista con suma paciencia encontró esos fragmentos y comenzó, poco a poco, a unirlos uno con otro. Invirtió muchos años de su vida en la restauración de la imagen quebrada. Cuando al fin terminó, aquello que había sido sólo basura volvió a ser una obra de arte que era objeto de admiración universal.
Si aquel artista en Venecia tuvo a bien dedicar tanto tiempo y trabajar con tanto esmero en la restauración de una imagen tallada inicialmente por otro, con mayor razón Dios, como el Artista por excelencia que es, siempre está dispuesto a invertir tiempo y a laborar con esmero en la restauración de seres humanos que Él mismo ha creado a su imagen. Y más aún cuando se considera que Dios es el único Artista que tiene tanto el interés como la capacidad que se requieren para hacerlo. Porque si bien otros escultores tenían la capacidad para restaurar esa estatua en Venecia y obtener los mismos resultados que el artista que lo hizo, no hay ningún otro Escultor, fuera de Dios, que pueda cambiar el corazón humano. Y si bien el escultor en Venecia estuvo dispuesto a sacrificarse para terminar el trabajo de restauración, invirtiendo muchos años de su vida, Dios, en la persona de su Hijo Jesucristo, no sólo estaba dispuesto a sacrificarse sino que dio su vida misma para terminar su obra de renovación.
Todo lo que hacemos por nuestra cuenta en beneficio propio tal vez produzca cultura o disciplina, pero no transforma nuestro corazón. En cambio, cuando nos ponemos en las manos del Escultor divino y le pedimos que perdone nuestros pecados y arregle así nuestras imperfecciones, algo sucede. Aquellos fragmentos de nuestra vida desilusionada, llena de amargura y de resentimiento, llena de odio y de rencor, y llena de vicios incontrolables, Dios los une y los restaura a su imagen y semejanza. Esa vida antigua nuestra, totalmente perdida, se vuelve nueva por su intervención divina. Y lo mejor de todo es que no hay persona alguna, por más descuidada y quebrada que esté su vida, que Él no pueda restaurar a la obra de arte que era cuando la creó.
Ahora bien, hay una diferencia fundamental entre esa estatua de Venecia y la vida de cada uno de nosotros. La estatua de Venecia no tenía voluntad propia, mientras que nosotros sí la tenemos. La estatua de Venecia no podía decidir si habría de ser restaurada o no. En cambio, en el caso nuestro somos nosotros los que decidimos si hemos de ser restaurados. Dios está dispuesto a emprender la obra. Él no sólo puede sino que quiere transformar nuestra vida. Él tiene la habilidad, el poder y la voluntad para hacerlo, pero nunca impone su voluntad. La decisión es nuestra.
En Venecia hay una estatua reconocida por su belleza artística y sus líneas estéticas. La estatua se esculpió hace muchos siglos, y con el tiempo y el descuido se quebró en más de mil fragmentos.
Un día, un artista con suma paciencia encontró esos fragmentos y comenzó, poco a poco, a unirlos uno con otro. Invirtió muchos años de su vida en la restauración de la imagen quebrada. Cuando al fin terminó, aquello que había sido sólo basura volvió a ser una obra de arte que era objeto de admiración universal.
Si aquel artista en Venecia tuvo a bien dedicar tanto tiempo y trabajar con tanto esmero en la restauración de una imagen tallada inicialmente por otro, con mayor razón Dios, como el Artista por excelencia que es, siempre está dispuesto a invertir tiempo y a laborar con esmero en la restauración de seres humanos que Él mismo ha creado a su imagen. Y más aún cuando se considera que Dios es el único Artista que tiene tanto el interés como la capacidad que se requieren para hacerlo. Porque si bien otros escultores tenían la capacidad para restaurar esa estatua en Venecia y obtener los mismos resultados que el artista que lo hizo, no hay ningún otro Escultor, fuera de Dios, que pueda cambiar el corazón humano. Y si bien el escultor en Venecia estuvo dispuesto a sacrificarse para terminar el trabajo de restauración, invirtiendo muchos años de su vida, Dios, en la persona de su Hijo Jesucristo, no sólo estaba dispuesto a sacrificarse sino que dio su vida misma para terminar su obra de renovación.
Todo lo que hacemos por nuestra cuenta en beneficio propio tal vez produzca cultura o disciplina, pero no transforma nuestro corazón. En cambio, cuando nos ponemos en las manos del Escultor divino y le pedimos que perdone nuestros pecados y arregle así nuestras imperfecciones, algo sucede. Aquellos fragmentos de nuestra vida desilusionada, llena de amargura y de resentimiento, llena de odio y de rencor, y llena de vicios incontrolables, Dios los une y los restaura a su imagen y semejanza. Esa vida antigua nuestra, totalmente perdida, se vuelve nueva por su intervención divina. Y lo mejor de todo es que no hay persona alguna, por más descuidada y quebrada que esté su vida, que Él no pueda restaurar a la obra de arte que era cuando la creó.
Ahora bien, hay una diferencia fundamental entre esa estatua de Venecia y la vida de cada uno de nosotros. La estatua de Venecia no tenía voluntad propia, mientras que nosotros sí la tenemos. La estatua de Venecia no podía decidir si habría de ser restaurada o no. En cambio, en el caso nuestro somos nosotros los que decidimos si hemos de ser restaurados. Dios está dispuesto a emprender la obra. Él no sólo puede sino que quiere transformar nuestra vida. Él tiene la habilidad, el poder y la voluntad para hacerlo, pero nunca impone su voluntad. La decisión es nuestra.
UN AMOR INCONDICIONAL Y UNA PAZ DURARERA ES LO QUE DIOS NOS OFRECE:
Gracia, misericordia y paz
Bendice...a Jehová...El que te corona de favores y misericordias. —Salmo 103:1,4
Las palabras gracia y paz se encuentran en todos los saludos de Pablo en sus cartas del Nuevo Testamento a las iglesias. Además, en las epístolas a Timoteo y a Tito, también incluye la misericordia: «Gracias, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor» (2 Timoteo 1:2). Examinemos cada uno de estos términos.
Gracia es lo que nuestro Dios Santo concede y que nosotros, por ser pecadores, no merecemos. Hechos 17:25 nos enseña que «él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas». Sus dádivas incluyen hasta nuestra próxima respiración. Aun en nuestra hora más oscura, Dios nos da fuerzas para que podamos soportar.
Misericordia es lo que el Señor retiene, pero que sí merecemos. Lamentaciones 3:22 dice: «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos». Incluso cuando nos desviamos, Dios nos da tiempo y nos ayuda a regresar a Él.
Paz es lo que Dios concede a Su pueblo. Jesús dijo: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da» (Juan 14:27). Aun en los peores momentos, tenemos tranquilidad interior porque nuestro Dios tiene el control. Podemos cobrar ánimo al saber que, a lo largo de nuestra vida, el Señor nos dará la gracia, la misericordia y la paz que necesitamos para vivir para Él.
La Gracia de Dios es inconmensurable; Su Misericordia, inagotable; Su Paz, inenarrable.
Autor: Editores "Nuestro Pan Diario".
Un día, un artista con suma paciencia encontró esos fragmentos y comenzó, poco a poco, a unirlos uno con otro. Invirtió muchos años de su vida en la restauración de la imagen quebrada. Cuando al fin terminó, aquello que había sido sólo basura volvió a ser una obra de arte que era objeto de admiración universal.
Si aquel artista en Venecia tuvo a bien dedicar tanto tiempo y trabajar con tanto esmero en la restauración de una imagen tallada inicialmente por otro, con mayor razón Dios, como el Artista por excelencia que es, siempre está dispuesto a invertir tiempo y a laborar con esmero en la restauración de seres humanos que Él mismo ha creado a su imagen. Y más aún cuando se considera que Dios es el único Artista que tiene tanto el interés como la capacidad que se requieren para hacerlo. Porque si bien otros escultores tenían la capacidad para restaurar esa estatua en Venecia y obtener los mismos resultados que el artista que lo hizo, no hay ningún otro Escultor, fuera de Dios, que pueda cambiar el corazón humano. Y si bien el escultor en Venecia estuvo dispuesto a sacrificarse para terminar el trabajo de restauración, invirtiendo muchos años de su vida, Dios, en la persona de su Hijo Jesucristo, no sólo estaba dispuesto a sacrificarse sino que dio su vida misma para terminar su obra de renovación.
Todo lo que hacemos por nuestra cuenta en beneficio propio tal vez produzca cultura o disciplina, pero no transforma nuestro corazón. En cambio, cuando nos ponemos en las manos del Escultor divino y le pedimos que perdone nuestros pecados y arregle así nuestras imperfecciones, algo sucede. Aquellos fragmentos de nuestra vida desilusionada, llena de amargura y de resentimiento, llena de odio y de rencor, y llena de vicios incontrolables, Dios los une y los restaura a su imagen y semejanza. Esa vida antigua nuestra, totalmente perdida, se vuelve nueva por su intervención divina. Y lo mejor de todo es que no hay persona alguna, por más descuidada y quebrada que esté su vida, que Él no pueda restaurar a la obra de arte que era cuando la creó.
Ahora bien, hay una diferencia fundamental entre esa estatua de Venecia y la vida de cada uno de nosotros. La estatua de Venecia no tenía voluntad propia, mientras que nosotros sí la tenemos. La estatua de Venecia no podía decidir si habría de ser restaurada o no. En cambio, en el caso nuestro somos nosotros los que decidimos si hemos de ser restaurados. Dios está dispuesto a emprender la obra. Él no sólo puede sino que quiere transformar nuestra vida. Él tiene la habilidad, el poder y la voluntad para hacerlo, pero nunca impone su voluntad. La decisión es nuestra.
En Venecia hay una estatua reconocida por su belleza artística y sus líneas estéticas. La estatua se esculpió hace muchos siglos, y con el tiempo y el descuido se quebró en más de mil fragmentos.
Un día, un artista con suma paciencia encontró esos fragmentos y comenzó, poco a poco, a unirlos uno con otro. Invirtió muchos años de su vida en la restauración de la imagen quebrada. Cuando al fin terminó, aquello que había sido sólo basura volvió a ser una obra de arte que era objeto de admiración universal.
Si aquel artista en Venecia tuvo a bien dedicar tanto tiempo y trabajar con tanto esmero en la restauración de una imagen tallada inicialmente por otro, con mayor razón Dios, como el Artista por excelencia que es, siempre está dispuesto a invertir tiempo y a laborar con esmero en la restauración de seres humanos que Él mismo ha creado a su imagen. Y más aún cuando se considera que Dios es el único Artista que tiene tanto el interés como la capacidad que se requieren para hacerlo. Porque si bien otros escultores tenían la capacidad para restaurar esa estatua en Venecia y obtener los mismos resultados que el artista que lo hizo, no hay ningún otro Escultor, fuera de Dios, que pueda cambiar el corazón humano. Y si bien el escultor en Venecia estuvo dispuesto a sacrificarse para terminar el trabajo de restauración, invirtiendo muchos años de su vida, Dios, en la persona de su Hijo Jesucristo, no sólo estaba dispuesto a sacrificarse sino que dio su vida misma para terminar su obra de renovación.
Todo lo que hacemos por nuestra cuenta en beneficio propio tal vez produzca cultura o disciplina, pero no transforma nuestro corazón. En cambio, cuando nos ponemos en las manos del Escultor divino y le pedimos que perdone nuestros pecados y arregle así nuestras imperfecciones, algo sucede. Aquellos fragmentos de nuestra vida desilusionada, llena de amargura y de resentimiento, llena de odio y de rencor, y llena de vicios incontrolables, Dios los une y los restaura a su imagen y semejanza. Esa vida antigua nuestra, totalmente perdida, se vuelve nueva por su intervención divina. Y lo mejor de todo es que no hay persona alguna, por más descuidada y quebrada que esté su vida, que Él no pueda restaurar a la obra de arte que era cuando la creó.
Ahora bien, hay una diferencia fundamental entre esa estatua de Venecia y la vida de cada uno de nosotros. La estatua de Venecia no tenía voluntad propia, mientras que nosotros sí la tenemos. La estatua de Venecia no podía decidir si habría de ser restaurada o no. En cambio, en el caso nuestro somos nosotros los que decidimos si hemos de ser restaurados. Dios está dispuesto a emprender la obra. Él no sólo puede sino que quiere transformar nuestra vida. Él tiene la habilidad, el poder y la voluntad para hacerlo, pero nunca impone su voluntad. La decisión es nuestra.
En Venecia hay una estatua reconocida por su belleza artística y sus líneas estéticas. La estatua se esculpió hace muchos siglos, y con el tiempo y el descuido se quebró en más de mil fragmentos.
Un día, un artista con suma paciencia encontró esos fragmentos y comenzó, poco a poco, a unirlos uno con otro. Invirtió muchos años de su vida en la restauración de la imagen quebrada. Cuando al fin terminó, aquello que había sido sólo basura volvió a ser una obra de arte que era objeto de admiración universal.
Si aquel artista en Venecia tuvo a bien dedicar tanto tiempo y trabajar con tanto esmero en la restauración de una imagen tallada inicialmente por otro, con mayor razón Dios, como el Artista por excelencia que es, siempre está dispuesto a invertir tiempo y a laborar con esmero en la restauración de seres humanos que Él mismo ha creado a su imagen. Y más aún cuando se considera que Dios es el único Artista que tiene tanto el interés como la capacidad que se requieren para hacerlo. Porque si bien otros escultores tenían la capacidad para restaurar esa estatua en Venecia y obtener los mismos resultados que el artista que lo hizo, no hay ningún otro Escultor, fuera de Dios, que pueda cambiar el corazón humano. Y si bien el escultor en Venecia estuvo dispuesto a sacrificarse para terminar el trabajo de restauración, invirtiendo muchos años de su vida, Dios, en la persona de su Hijo Jesucristo, no sólo estaba dispuesto a sacrificarse sino que dio su vida misma para terminar su obra de renovación.
Todo lo que hacemos por nuestra cuenta en beneficio propio tal vez produzca cultura o disciplina, pero no transforma nuestro corazón. En cambio, cuando nos ponemos en las manos del Escultor divino y le pedimos que perdone nuestros pecados y arregle así nuestras imperfecciones, algo sucede. Aquellos fragmentos de nuestra vida desilusionada, llena de amargura y de resentimiento, llena de odio y de rencor, y llena de vicios incontrolables, Dios los une y los restaura a su imagen y semejanza. Esa vida antigua nuestra, totalmente perdida, se vuelve nueva por su intervención divina. Y lo mejor de todo es que no hay persona alguna, por más descuidada y quebrada que esté su vida, que Él no pueda restaurar a la obra de arte que era cuando la creó.
Ahora bien, hay una diferencia fundamental entre esa estatua de Venecia y la vida de cada uno de nosotros. La estatua de Venecia no tenía voluntad propia, mientras que nosotros sí la tenemos. La estatua de Venecia no podía decidir si habría de ser restaurada o no. En cambio, en el caso nuestro somos nosotros los que decidimos si hemos de ser restaurados. Dios está dispuesto a emprender la obra. Él no sólo puede sino que quiere transformar nuestra vida. Él tiene la habilidad, el poder y la voluntad para hacerlo, pero nunca impone su voluntad. La decisión es nuestra.
En Venecia hay una estatua reconocida por su belleza artística y sus líneas estéticas. La estatua se esculpió hace muchos siglos, y con el tiempo y el descuido se quebró en más de mil fragmentos.
Un día, un artista con suma paciencia encontró esos fragmentos y comenzó, poco a poco, a unirlos uno con otro. Invirtió muchos años de su vida en la restauración de la imagen quebrada. Cuando al fin terminó, aquello que había sido sólo basura volvió a ser una obra de arte que era objeto de admiración universal.
Si aquel artista en Venecia tuvo a bien dedicar tanto tiempo y trabajar con tanto esmero en la restauración de una imagen tallada inicialmente por otro, con mayor razón Dios, como el Artista por excelencia que es, siempre está dispuesto a invertir tiempo y a laborar con esmero en la restauración de seres humanos que Él mismo ha creado a su imagen. Y más aún cuando se considera que Dios es el único Artista que tiene tanto el interés como la capacidad que se requieren para hacerlo. Porque si bien otros escultores tenían la capacidad para restaurar esa estatua en Venecia y obtener los mismos resultados que el artista que lo hizo, no hay ningún otro Escultor, fuera de Dios, que pueda cambiar el corazón humano. Y si bien el escultor en Venecia estuvo dispuesto a sacrificarse para terminar el trabajo de restauración, invirtiendo muchos años de su vida, Dios, en la persona de su Hijo Jesucristo, no sólo estaba dispuesto a sacrificarse sino que dio su vida misma para terminar su obra de renovación.
Todo lo que hacemos por nuestra cuenta en beneficio propio tal vez produzca cultura o disciplina, pero no transforma nuestro corazón. En cambio, cuando nos ponemos en las manos del Escultor divino y le pedimos que perdone nuestros pecados y arregle así nuestras imperfecciones, algo sucede. Aquellos fragmentos de nuestra vida desilusionada, llena de amargura y de resentimiento, llena de odio y de rencor, y llena de vicios incontrolables, Dios los une y los restaura a su imagen y semejanza. Esa vida antigua nuestra, totalmente perdida, se vuelve nueva por su intervención divina. Y lo mejor de todo es que no hay persona alguna, por más descuidada y quebrada que esté su vida, que Él no pueda restaurar a la obra de arte que era cuando la creó.
Ahora bien, hay una diferencia fundamental entre esa estatua de Venecia y la vida de cada uno de nosotros. La estatua de Venecia no tenía voluntad propia, mientras que nosotros sí la tenemos. La estatua de Venecia no podía decidir si habría de ser restaurada o no. En cambio, en el caso nuestro somos nosotros los que decidimos si hemos de ser restaurados. Dios está dispuesto a emprender la obra. Él no sólo puede sino que quiere transformar nuestra vida. Él tiene la habilidad, el poder y la voluntad para hacerlo, pero nunca impone su voluntad. La decisión es nuestra.
UN AMOR INCONDICIONAL Y UNA PAZ DURARERA ES LO QUE DIOS NOS OFRECE:
Gracia, misericordia y paz
Bendice...a Jehová...El que te corona de favores y misericordias. —Salmo 103:1,4
Las palabras gracia y paz se encuentran en todos los saludos de Pablo en sus cartas del Nuevo Testamento a las iglesias. Además, en las epístolas a Timoteo y a Tito, también incluye la misericordia: «Gracias, misericordia y paz, de Dios Padre y de Jesucristo nuestro Señor» (2 Timoteo 1:2). Examinemos cada uno de estos términos.
Gracia es lo que nuestro Dios Santo concede y que nosotros, por ser pecadores, no merecemos. Hechos 17:25 nos enseña que «él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas». Sus dádivas incluyen hasta nuestra próxima respiración. Aun en nuestra hora más oscura, Dios nos da fuerzas para que podamos soportar.
Misericordia es lo que el Señor retiene, pero que sí merecemos. Lamentaciones 3:22 dice: «Por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos». Incluso cuando nos desviamos, Dios nos da tiempo y nos ayuda a regresar a Él.
Paz es lo que Dios concede a Su pueblo. Jesús dijo: «La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da» (Juan 14:27). Aun en los peores momentos, tenemos tranquilidad interior porque nuestro Dios tiene el control. Podemos cobrar ánimo al saber que, a lo largo de nuestra vida, el Señor nos dará la gracia, la misericordia y la paz que necesitamos para vivir para Él.
La Gracia de Dios es inconmensurable; Su Misericordia, inagotable; Su Paz, inenarrable.
Autor: Editores "Nuestro Pan Diario".
Suscribirse a:
Entradas (Atom)