sábado, 23 de junio de 2012

INVIERTA EN EL REINO DE LOS CIELOS: INVERTIR EN EL FUTURO


“haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan”. - Mt. 6:20
Jason Bohn era estudiante universitario cuando convirtió un hoyo en un solo golpe jugando al golf y ganó un millón de dólares. Aunque otros podrían haber despilfarrado ese dinero, Bohn tenía un plan. Como deseaba ser profesional de ese deporte, usó el premio como un fondo para vivir y entrenarse, y mejorar su talento deportivo. El efectivo se convirtió en una inversión para su futuro, la cual le dio sus dividendos cuando ganó el torneo B. C. Open de 2005 de la PGA (Asociación de Golf Profesional). Sin duda, su decisión de invertir a largo plazo en vez de vivir el momento fue sabia.
En un sentido, esto es lo que Jesús nos dice que hagamos. Se nos han confiado recursos (tiempo, talento, oportunidades) y nosotros decidimos cómo usarlos. El desafío es considerar esos recursos como utilidades para invertir a largo plazo. El Señor lo expresa de este modo en Mateo 6:20: «… haceos tesoros en el cielo», y nos asegura que estos tesoros protegidos no pueden ser destruidos ni robados.
Piensa en tus recursos: talento, tiempo, conocimiento, capacidades, profesión, negocio, dinero. Son temporales y limitados. Pero si los inviertes con la vista puesta en la eternidad, estas cosas efímeras pueden producir un impacto permanente. ¿Cuál es tu objetivo? ¿El ahora o la eternidad? Invierte en el futuro, ya que no solo tendrá un efecto interminable, sino que también cambiará tu manera de ver la vida cada día.
Reflexión: Las personas más ricas de la tierra son las que invierten su vida en el cielo.


Cinco principios para usar bien el dinero
Principio #1—La ley del Contentamiento (Fil. 4:12)
  12  Sé vivir humildemente, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, así para estar saciado como para tener hambre, así para tener abundancia como para padecer necesidad. 
Recuerde que Dios es dueño de todas las cosas. (Sal. 50:12).
 12  Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud.

Principio #2— La ley del Auto-control (Co. 3:5).
 5  Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría;

Empiece transfiriendo a Dios todo lo que usted posee. (Hag. 2:8).
 8  Mía es la plata, y mío es el oro, dice Jehová de los ejércitos.  
Aléjese de los pecados financieros de la avaricia y la idolatría. (Ro. 6:1–2).
 1  ¿Qué, pues, diremos? ¿Perseveraremos en el pecado para que la gracia abunde?  2  En ninguna manera
Principio #3— La ley de la Mayordomía (Mt. 25:23).
23  Su señor le dijo: Bien, buen siervo y fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor. 
Reconozca que es responsable delante de Dios de cómo gasta el dinero.
Regrese el diezmo de sus ganancias a Dios. Haga de esto un compromiso. (Gn.14:20).
  20  y bendito sea el Dios Altísimo, que entregó tus enemigos en tu mano. Y le dio Abram los diezmos de todo. 
Principio #4— La ley de Dar (2 Co. 9:6 – Hch. 20:35).
 6  Pero esto digo: El que siembra escasamente, también segará escasamente; y el que siembra generosamente, generosamente también segará. 
35  En todo os he enseñado que, trabajando así, se debe ayudar a los necesitados, y recordar las palabras del Señor Jesús, que dijo: Más bienaventurado es dar que recibir. 



Ofrende regularmente (1 Co. 16:2).
 2  Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas. 
Dé con sacrificio, haciendo a un lado alguno de sus deseos personales (2 Co. 8:3).
 3  Pues doy testimonio de que con agrado han dado conforme a sus fuerzas, y aun más allá de sus fuerzas,
Ofrende a quienes son de bendición para su vida (Ga. 6:6).
 6  El que es enseñado en la palabra, haga partícipe de toda cosa buena al que lo instruye
Principio #5— La ley de Pedira Dios que supla sus necesidades, no sus caprichos (Mt. 6:24-34).




24  Ninguno puede servir a dos señores; porque o aborrecerá al uno y amará al otro, o estimará al uno y menospreciará al otro. No podéis servir a Dios y a las riquezas. 
25  Por tanto os digo: No os afanéis por vuestra vida, qué habéis de comer o qué habéis de beber; ni por vuestro cuerpo, qué habéis de vestir. ¿No es la vida más que el alimento, y el cuerpo más que el vestido?  26  Mirad las aves del cielo, que no siembran, ni siegan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros mucho más que ellas?  27  ¿Y quién de vosotros podrá, por mucho que se afane, añadir a su estatura un codo?  28  Y por el vestido, ¿por qué os afanáis? Considerad los lirios del campo, cómo crecen: no trabajan ni hilan;  29  pero os digo, que ni aun Salomón con toda su gloria se vistió así como uno de ellos.  30  Y si la hierba del campo que hoy es, y mañana se echa en el horno, Dios la viste así, ¿no hará mucho más a vosotros, hombres de poca fe?  31  No os afanéis, pues, diciendo: ¿Qué comeremos, o qué beberemos, o qué vestiremos?  32  Porque los gentiles buscan todas estas cosas; pero vuestro Padre celestial sabe que tenéis necesidad de todas estas cosas.  33  Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas.  34  Así que, no os afanéis por el día de mañana, porque el día de mañana traerá su afán. Basta a cada día su propio mal. 

Acepte la voluntad de Dios con un corazón obediente. (Mr. 14:36).
 36  Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son posibles para ti; aparta de mí esta copa; mas no lo que yo quiero, sino lo que tú.

No se compare con los demás, y de gracias a Dios por todo cuanto posee (1 Ts. 5:18).
 18  Dad gracias en todo, porque esta es la voluntad de Dios para con vosotros en Cristo Jesús.  

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