jueves, 15 de marzo de 2012

EL MATRIMONIO FELIZ

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Hay una cosa en el universo que es quizá de más importancia y hermosura que todas las demás. Es parte de la creación divina, con el propósito de llenar el corazón humano de alegría genuina, de gozo, satisfacción y tranquilidad de espíritu. Se trata del Matrimonio humano. El Matrimonio, la unión de un hombre y una mujer, fue introducido en las relaciones humanas para felicidad de todos.
Debemos volver a los fundamentos que Dios puso en su preciosa creación.
El Matrimonio feliz es producto de la sabiduría divina y por esa sola razón tiene más mérito que miles de leyes promulgadas por el hombre para llevarse bien con los demás.
Cuando Dios creó al hombre lo adorno con ciertas características sublimes y magnificas y una de ellas era su necesidad del sexo opuesto, no solo para reproducirse a sí mismo, como en el caso de los animales, sino para su felicidad en un mundo que fue creado para él y para llevar a cabo las funciones de representante de Dios.
El hombre y la mujer fueron creados para ser mutua satisfacción, para complacerse el uno al otro y complementarse en las vicisitudes de la vida.
El matrimonio no es sexo solamente sino mucho más que eso y todo matrimonio feliz debe de comprenderlo antes de disfrutar su felicidad.
El Matrimonio es de origen divino, y es una verdadera desgracia que algunos pensadores modernos proclamen lo contrario, al punto de que aun en nuestros días haya quienes lo consideran como ciudadanía de segunda clase o categoría.
El Matrimonio es ciudadanía de primera, es natural, es indispensable para el hombre y la mujer, es lo ideal del ser creado a la imagen de Dios. Quien afirme lo contrario está negando los principios fundamentales del creador del universo.
Qué momento tan especial, aquel en que Dios unió en Matrimonio a Adán y Eva, aquella primera pareja que se convertiría en la primera pareja, que se convertiría en la primera familia, la primera comunidad, la base de una sociedad, de pueblos, naciones, un pueblo elegido por Dios (Israel) y la iglesia de Jesucristo.
Ese Matrimonio que se realizó en el Edén, tuvo por testigo al mismo Dios, sus ángeles y todos los animales que estaban a su lado; algunos animales seguro fueron invitados a esa boda, si fue en el día el sol dio toda su luz brillante y maravillosa, y si fue en la noche, la luna y las estrellas y el canto de los pájaros trinaron como orquesta a una sola voz: Felicidad les deseamos para toda la vida, hasta que la muerte los separe. Rescatemos hoy la dimensión del matrimonio.
Vivan juntos en armonía, vivan juntos en Amor, como si tuvesen una sola mente y un solo espiritu para los dos".Fi 2:2
Jesucristo nos ha dado a los hombres un vaso frágil para cuidadr y no quiere que se rompa en nuestras manos.
UNA ANALOGIA ESPECIAL: JESUCRISTO Y LA IGLESIA- EL ESPOSO Y LA ESPOSA:
1.Someteos los unos a los otros.

21 Someteos unos a otros en el temor de Dios. 22 Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; 23 porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su Salvador. 24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo. 25 Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha. 28 Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama. 29 Porque nadie aborreció jamás a su propia carne, sino que la sustenta y la cuida, como también Cristo a la iglesia, 30 porque somos miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos. 31 Por esto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y los dos serán una sola carne. 32 Grande es este misterio; mas yo digo esto respecto de Cristo y de la iglesia. 33 Por lo demás, cada uno de vosotros ame también a su mujer como a sí mismo; y la mujer respete a su marido.
Efe 5:21-33.
El orden y los valores de DIOS:
- SOMETIMIENTO
- SUGESION
- LIDERAZGO
- AMOR
- ENTREGA
- SANTIFICACION
- PURIFICACION
- GLORIA
- SUSTENTO
- CUIDADO
- INDEPENDENCIA
- UNIDAD
- RESPETO
- SACRIFICIO
- VERDAD
- FIDELIDAD

FUNDAMENTOS DEL MATRIMONIO:
Una de las bases del matrimonio es el Amor y otra es que Dios junta a dos personas para toda la vida:
24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Gen 2:24.
1.Dejará el hombre a su padre y a su madre.
El matrimonio es la más importante de todas las relaciones.
2.Y se unirá a su mujer...
El matrimonio es la más permanente de todas las relaciones humanas.
3.Y los dos serán una sola carne...
El matrimonio es la más intima de todas las relaciones humanas.
CONSEJOS FINALES DE DIOS:
1. AME A SU MUJER:
- Diariamente decir "te amo"
- Diariamente darle abrazos y afecto
- Diariamente apartar tiempo exclusivamente para hablar
- Diariamente trabajar duro y proveer para las necesidades de hogar
2. RESPETE A SU MARIDO:
- Diariamente permitirla asuir el liderazgo
- Apoya sus decisiones
- Mantenerte atractiva y satisfacerle sexualmente
- Preparar comida sabrosa y mantén la casa limpia y ordenada
3. CONSEJO PARA LOS DOS:
- Pasar tiempo con Dios diariamente
- Admitir tua fallas
- Perdonar y no guardar rencor
- Nunca dormir sin resolver cualquier ofensa
El amor es la esencia de la vida. Desgraciadamente el amor bueno e inmutable ha perdido su lugar en una sociedad donde la lascivia y la lujuria predominan. Pero no ha perdido, ni puede nunca perder, su refulgencia y su gloria, precisamente por su carácter íntegro, puro y santo.

Amor así no viene por sí solo. Hay que cultivarlo y hay que sustentarlo. Pero ese es el amor que une profundamente al hombre y a la mujer, que dignifica el matrimonio y que honra a Dios. Es también el amor que sobrelleva la enfermedad, que soporta la pobreza y que sobrevive toda tempestad.

A todo esposo y a toda esposa les conviene vivir esa clase de amor. Dios quiere que el amor de toda pareja sea así, y Él desea, intensamente, dárselo a cada una. Él hará que su matrimonio sea uno de armonía y permanencia, y transformará su unión en remanso de paz. Pero los dos cónyuges, juntos, tienen que desearlo y pedirlo.

Ahora es el tiempo de edificar un hogar sólido. Todo matrimonio puede lograrlo. Sólo hay que dedicar algún tiempo del día para hablar los dos con Dios, haciendo de Él el huésped permanente del hogar.

La preeminencia del amor
1 Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe. 2 Y si tuviese profecía, y entendiese todos los misterios y toda ciencia, y si tuviese toda la fe, de tal manera que trasladase los montes, y no tengo amor, nada soy. 3 Y si repartiese todos mis bienes para dar de comer a los pobres, y si entregase mi cuerpo para ser quemado, y no tengo amor, de nada me sirve. 4 El amor es sufrido, es benigno; el amor no tiene envidia, el amor no es jactancioso, no se envanece; 5 no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; 6 no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. 7 Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 8 El amor nunca deja de ser; pero las profecías se acabarán, y cesarán las lenguas, y la ciencia acabará. 9 Porque en parte conocemos, y en parte profetizamos; 10 mas cuando venga lo perfecto, entonces lo que es en parte se acabará. 11 Cuando yo era niño, hablaba como niño, pensaba como niño, juzgaba como niño; mas cuando ya fui hombre, dejé lo que era de niño. 12 Ahora vemos por espejo, oscuramente; mas entonces veremos cara a cara. Ahora conozco en parte; pero entonces conoceré como fui conocido. 13 Y ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor, estos tres; pero el mayor de ellos es el amor.

Dios nos hizo diferentes para poder hacernos uno (ver 1 Pedro 3:1, 7). Hizo al esposo con un duro exterior y a la mujer más gentil, pero no inferior. El marido es la cabeza del hogar, como Jesús es la cabeza de la iglesia y se entregó a Sí mismo por ella (ver Efesios 5:23-25). A la mayoría de mujeres no les importa someterse al hombre que les ama lo suficiente como para morir por ellas y lo demuestra por la manera en que viven para ellas.

CULTIVE EL CONTENTAMIENTO

Un hombre sabio una vez dijo: “A quien lo poco no le es suficiente, nada es suficiente.” Si usted no tiene cuidado, su matrimonio será “hasta que las deudas los separen”. Aprenda a estar contento (vea Filipenses 4:11-13). ¿Sabe cuánto pagué por el anillo de compromiso de Joyce? Cien dólares. No tenía ni dinero en efectivo ni tarjeta de crédito. Lo que hice fue ir pagando semanalmente ese anillo.

ELIMINE LA AMARGURA

No hay problemas demasiado grandes para resolver, sólo gente demasiado pequeña para resolverlos. Si elimináramos la amargura y atacáramos el problema, en vez del uno al otro, nuestras familias estarían mucho mejor. No vayan a la cama disgustados, dándose las espaldas. Efesios 4:26 dice. “Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo.” Joyce y yo hemos tratado de practicar eso. Algunas veces hemos estado levantados por [horas] seguidas, ¡pero hemos resuelto nuestras amarguras!

CONTINÚE LA COMUNICACIÓN

La comunicación es tan importante porque es lo que verdaderamente construye la intimidad en un matrimonio. Primera Pedro 3:8-10 tiene mucho que decir acerca de la comunicación que una pareja necesita tener a fin de gozar de un amor perdurable. Una manera en que podemos construir la comunicación, es teniendo una buena vida de “citas”, y hay cuatro clases de citas que todos necesitan tener: primero, cada cónyuge necesita tener una cita diaria con Dios; segundo, si la pareja tiene hijos, necesita tener una cita periódica con cada uno de ellos; tercero, cada cónyuge debe tener una cita consigo mismo y, cuarto, las parejas deben tener una cita entre ellos.

REFRESQUE EL ROMANCE

Joyce y yo verdaderamente tratamos de que nuestro “noviazgo” continúe. Muchas veces, yendo hacia casa, le llamo y le dijo: “El carro del amor está rumbo a casa. Casi no puedo esperar a llegar. Así que, ¡prepara tus labios!” Y para los esposos quiero añadir lo siguiente: nunca deje de cortejar a su esposa, y nunca corteje a ninguna otra mujer. No les diga a sus compañeras de trabajo, o a las meseras en el restaurante, “Cariño”, porque solamente su esposa lo es. La Palabra de Dios dice que “los esposos deben dar honor a sus esposas”, lo cual significa respeto y cortesía siempre. Abra las puertas para ella, y no sólo cuando otras personas están mirando.

PRACTIQUEN LA ORACIÓN

Primera Pedro 3:7 dice: “Vosotros, maridos, igualmente, vivid con ellas sabiamente, dando honor a la mujer como a vaso más frágil, y como a coherederas de la gracia de la vida, para que vuestras oraciones no tengan estorbo.” Para los hombres que puedan estar leyendo esto, déjenme decirles que la mayoría de los hombres no quieren orar con sus esposas, porque tenemos un exterior muy duro. Con todo, esposos, les imploro que se humillen y se pongan de rodillas, con sus esposas, y practiquen la oración. Déjele saber que usted ora por ella. Deje que ella escuche el desbordarse de su corazón ante Dios. Eso le dará a ella gran confianza y consuelo.

Si usted está casado o planifica el casarse, espero que usted ore acerca de estas cosas para tener un
Matrimonio feliz.

UN EJEMPLO ESPECIAL:

UN MATRIMONIO SÓLIDO COMO LA PIEDRA


Katsusaburo Miyamoto, japonés residente en Argentina, contempló largo rato a su esposa Carmelina. La contempló como sólo puede contemplar a su esposa un hombre muy enamorado de ella. Pero Carmelina no podía contemplarlo ya más a él. Estaba muerta.
Katsusaburo no quería perder a su esposa, así que la embalsamó él mismo, aplicando sus conocimientos científicos como investigador del frigorífico Swift, y la dejó en una sala de su casa. Ni siquiera denunció su muerte. Para él, ella no había muerto. Carmelina aún vivía.
Cuarenta y cinco años después, ya anciano y vuelto a su país natal para morir allí, Katsusaburo dio órdenes de que llevaran el cuerpo de Carmelina, ya petrificado, al Museo de la Facultad de Medicina de Rosario. Allí permanecerá, hasta el fin de todas las cosas.
La Biblia contiene una poderosa descripción del amor conyugal. Dice así: «Fuerte es el amor, como la muerte... Como llama divina es el fuego ardiente del amor» (Cantares 8:6). Para aquel científico japonés, de nombre extraño y ciencia larga, su matrimonio no podía, no tenía que terminar con la muerte. Él debía de alguna manera conservar a su esposa.
Así que la embalsamó. Lo hizo con un procedimiento propio, y conservó el cuerpo en su casa. Renunció a toda otra mujer y se mantuvo fiel a su amada. No le importó que ella fuera de otra raza, otra cultura y otra religión, pues para él, el amor no contempla barreras.
Pocos matrimonios hay como ese, sólidos como la piedra misma en que se convirtió el cuerpo de Carmelina. Otros matrimonios parecen hechos de barro, de arcilla, de loza o de vidrio. Se trizan al primer golpe y se hacen añicos.
¿Qué hay que hacer para tener un matrimonio sólido y estable, que perdure como el granito? ¿Qué hay que hacer para resistir los golpes y las pruebas, las malas rachas de la vida y los vendavales que a veces atacan el matrimonio?
El amor es fundamental. Pero también vale, y vale mucho, la fe religiosa y el sentido del matrimonio que nos inculca. Cuando consideramos al matrimonio algo sagrado, instituido por Dios, que tiene carácter de permanente, entonces hay cimientos para construirlo de modo que sea perdurable.
Hagamos de Cristo nuestro Salvador y nuestro Señor. Entreguémonos a Él de todo corazón y sometamos nuestra vida conyugal a su dirección divina. Esa es la fórmula para el éxito de nuestro matrimonio.








amor que perdure.

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