lunes, 29 de marzo de 2010

EL AMOR POR EL HERMANO III

El amor por el hermano como Prueba de mi Conversión (Tercera Parte)
1 Juan 2:7-11

Revisemos un poco más lo que significa amar al hermano, ahora a la luz del capítulo más conocido en la Biblia relacionado con el amor.

Todos nosotros estamos familiarizados con el texto de 1 Corintios 13, donde Dios define el verdadero amor para nosotros. Esa definición del amor no se nos da en el contexto del matrimonio, sino que el contexto tiene que ver con el cuerpo de Cristo; con el comportamiento de los hermanos en la iglesia y el uso de sus dones. Dios decidió definir para mí lo que es el verdadero amor en el contexto de mi hermano en la iglesia.

Pablo comienza a definir lo que es el amor a partir del verso 4 de 1 Corintios 13 y lo primero que él dice es que el amor es paciente. La palabra aquí en el original es makro thumeo que es una palabra compuesta de dos palabras que significan “permanecer debajo del calor por mucho tiempo; soportar el calor”. En este caso, cuando hablamos de paciencia, estamos hablando de esperar por largo tiempo bajo el calor, el calor es representativo de las situaciones difíciles de la vida que nos toca vivir.

Bajo esas circunstancias yo puedo esperar de dos maneras: con una buena actitud o con una mala actitud. El verdadero amor espera con buena actitud; espera sin demandar cambiar, espera sin impacientarse y espera sin airarse. Paciencia es sinónimo de amor de la forma que Pablo lo plantea cuando dice que el amor es paciente. Nadie ama más que nuestro Padre y nadie es más paciente que nuestro Dios. Mi impaciencia puede ser causa de tropiezo para el otro porque mi impaciencia puede llevar al otro a actuar de una manera torpe y en su torpeza sufrir consecuencias y cuando eso ocurre, yo le serví de tropiezo a ese otro y al servirle de tropiezo mostré mi falta de amor.

El amor no solo es paciente, sino que también es bondadoso según la definición de 1 Corintios13. Eso implica que el verdadero amor siempre anda en busca de llenar una necesidad en otro. Cuando yo quiero que sea el otro que llene mi necesidad, no estoy amando, sino que de nuevo me estoy queriendo a mí mismo. La persona bondadosa inicia la acción antes deque le pidan que lo haga. La razón por la que muchos de nosotros esperamos a que se nos pida hacer algo o dar algo antes de nosotros voluntariamente dar es porque no somos bondadosos y si no somos bondadosos es porque no amamos porque el amor es bondadoso. El diccionario de la Real Academia define la bondad como “la inclinación natural a hacer el bien”. ¿Es mi inclinación natural hacer el bien o es mas bien mi inclinación natural el auto-protegerme?.

El amor no tiene envidia o celos dependiendo de la traducción. En el hebreo la palabra para celos es “qua nah” que significa “estar intensamente rojo”. Cuando envidio algo es porque quiero el privilegio que otro tiene. El mejor antídoto para la envidia es estar contento con lo que Dios me da y entonces no tengo que desear lo que el otro tiene. En su última expresión, la envidia es ingratitud hacia Dios. Si tengo gratitud hacia Dios no tengo porqué envidiar o querer lo que el otro tiene.

El amor tampoco es jactancioso, ni arrogante. Cuando la mayoría de mis conversaciones comienzan con “yo”, cuando yo siempre tengo que hablar de mí, de lo que soy, de lo herido que estoy o de lo ofendido que estoy, estoy siendo jactancioso. La jactancia no está centrada en el otro, sino en mí. El amor de acuerdo a Pablo, no celebra lo mío, sino que celebra lo del otro. El jactancioso no escucha al otro porque siempre está hablando de sí mismo.

Hasta ahora hemos revisado 4 de las 12 cualidades en las que Primera de Corintios 13 presenta el amor al hermano. Tomémonos uno minutos y evaluemos si estas características son evidentes en nuestras acciones externas e intensiones del corazón. Oremos a Dios y pidamos por un amor como este.

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