sábado, 9 de enero de 2016

UNA SALVACIÓN RECIBIDA POR GRACIA, POR AMOR Y COMO UN REGALO DE DIOS.

UNA SALVACIÓN RECIBIDA POR GRACIA POR AMOR Y COMO UN REGALO DE DIOS.
“Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe” - (Efesios 2:8-9).
El Diablo es muy listo cuando se trata de nuestra fe. Le contaremos lo que le hizo al pastor Rogers en una ocasión, y puede hacerle lo mismo a usted. Él comenzará a estar de acuerdo con usted, para hacerle tropezar. Le dirá: “Claro, tú eres salvo por fe en Cristo. Pero, ¿cómo sabes si tu fe es lo suficientemente buena y fuerte para salvarte? ¿Qué tal si tu fe es débil? ¿Qué tal si no lo logras?” Él trató de hacer que pusiera su fe en la fe, en vez de poner su fe en Cristo. ¿Ha oído a alguna persona hablar de “fe salvadora”? Mi amigo, no existe tal cosa. Usted es salvo porque Dios el Padre le ama de tal manera que envió a su Hijo para que sufriera el dolor de la ira de Dios, en lugar suyo.
Usted es salvo porque Dios lo hizo todo .Él le llamó:
 (lea Romanos 8: 28- 30) 8:28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados.
8:29 Porque a los que antes conoció, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para que él sea el primogénito entre muchos hermanos.
8:30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.
8:31 ¿Qué, pues, diremos a esto? Si Dios es por nosotros, ¿quién contra nosotros?
8:32 El que no escatimó ni a su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también con él todas las cosas?
8:33 ¿Quién acusará a los escogidos de Dios? Dios es el que justifica.
 Él le compró (lea 1 Corintios 6: 14- 20) 6:14 Y Dios, que levantó al Señor, también a nosotros nos levantará con su poder.
6:15 ¿No sabéis que vuestros cuerpos son miembros de Cristo? ¿Quitaré, pues, los miembros de Cristo y los haré miembros de una ramera? De ningún modo.
6:16 ¿O no sabéis que el que se une con una ramera, es un cuerpo con ella? Porque dice: Los dos serán una sola carne.
6:17 Pero el que se une al Señor, un espíritu es con él.
6:18 Huid de la fornicación. Cualquier otro pecado que el hombre cometa, está fuera del cuerpo; más el que fornica, contra su propio cuerpo peca.
6:19 ¿O ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?
6:20 Porque habéis sido comprados por precio; glorificad, pues, a Dios en vuestro cuerpo y en vuestro espíritu, los cuales son de Dios.
Y Él lo guardará (lea Efesios 4: 24-30) 4:24 y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad.
4:25 Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.
4:26 Airaos, pero no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo,
4:27 ni deis lugar al diablo.
4:28 El que hurtaba, no hurte más, sino trabaje, haciendo con sus manos lo que es bueno, para que tenga qué compartir con el que padece necesidad.
4:29 Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca, sino la que sea buena para la necesaria edificación, a fin de dar gracia a los oyentes.
4:30 Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención.
4:31 Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.
4:32 Antes sed benignos unos con otros, misericordiosos, perdonándoos unos a otros, como Dios también os perdonó a vosotros en Cristo.
RIQUEZAS EN SU GRACIA.
Primera Juan 3:1: “Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a Él.”
¡Usted es rico (a)! El Señor Jesucristo llegó a ser el hijo del hombre para que nosotros podamos llegar a ser hijos de Dios. Somos salvos debido a la gracia de Navidad. Esto no es oratoria: ¡Es realidad! Un niño hablaba de la seguridad eterna y expresó: “Dios me sostiene en sus manos.” Un cínico respondió: “¿Y qué si te resbalas de sus manos?” “Oh, se me olvidó decirle ―contestó el niño―, yo soy uno de sus dedos.” Usted es opulento (a), mi amigo (a).
Hebreos 12:6: “Porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo.”
Cuando era niño (a), ¿alguna vez le dieron una paliza inmerecida? Quizás en ocasiones su mamá o su papá andaban con ganas de dar palizas, y le daban a todo el que le pudiesen poner la mano encima. ¡Qué ofensa! No hay nada peor para un niño (a) que darse cuenta: “Me pegaron y no lo merecía.” ¿No es algo chistoso? En aquellos tiempos nunca nos detuvimos para pensar en todos las otras ocasiones que sí merecíamos la paliza y no la recibimos. Nuestro Padre es misericordiosamente amoroso y bondadosamente sabio para darnos siempre lo que necesitamos en nuestras vidas. Y a veces necesitamos su mano amorosa de consuelo y a veces su mano de disciplina.
Dele gracias a Dios que su mano de misericordia se la extiende cuando usted no lo merece. Y que su mano de disciplina la extiende cuando sí.
NO ES TIEMPO DE JUZGAR, SINO DE PERDONAR.

“No juzguéis, y no seréis juzgados; no condenéis, y no seréis condenados; perdonad, y seréis perdonados” - (Lucas 6:37).
En algunas ocasiones los creyentes miran a personas que han cometido adulterio, o algún crimen, y se comparan con ellos. Incluso pueden decir: “Ellos están muertos en sus delitos y transgresiones.” Permítame decirle algo. Ellos están tan muertos en sus delitos y transgresiones como su preciosa y dulce hija o sus amados familiares que no han aceptado el regalo de salvación por parte de Jesucristo. Puede haber grados de corrupción, pero no existen grados en cuanto a la muerte. Todos los perdidos son muertos que necesitan del Salvador, Jesucristo. Usted puede pensar que no tiene un testimonio que compartir porque no obtuvo un doctorado en pecado antes de ser salvo. Tal vez usted se salvó cuando era un niño. Bueno, se requirió lo mismo de la gracia de Dios para salvarle, que para salvar a un asesino condenado a pena de muerte. Nunca lo olvide, querido amigo. La gente muerta debe dejar de compararse con otra gente muerta. El terreno está nivelado al pie de la cruz.
¿Alguna vez el Diablo le ha tentado para que juegue a “las comparaciones”? Y si el diablo comienza a tentarle de esa manera hoy, practique lo que le va a decir, ahora mismo, para derrotarlo en su propio juego, antes de que comience.
“¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera sea limpio” - (Mateo 23:26).
¿Qué sucede cuando usted trata de ayudar a otros? Siempre comenzamos desde “afuera”. Pensamos que si podemos cambiar el medio ambiente del hombre (su hogar, vestimenta, alimentos, educación, etc.), entonces podemos crear un nuevo hombre. Esto no se puede hacer. No hay que olvidar que fue en el Huerto de Edén en donde el hombre se metió en problemas. El “limpiar” lo exterior, lo de afuera, es sólo reformar. Más cuando usted limpia lo interior, eso es regenerar. Jesús les dijo a los fariseos que no necesitaban otro baño; necesitaban un nuevo nacimiento. Preste atención, no estamos diciendo que no debemos ayudar a otros. Debemos hacerlo. Pero el ser humano necesita algo más que jabón y jamón. ¡Necesita salvación! Necesita nacer “de arriba”, y no sólo un empujoncito desde abajo.
¿Tiene usted una lista de personas que no son salvas? Ore por ellas hoy. Pídale a Dios que le use en el proceso de guiarles hacia Él, para que Él las regenere pudiendo así ellas nacer de nuevo.
SALVACIÓN, REDENCIÓN Y JUSTIFICACIÓN SON REGALOS DE DIOS POR MEDIO DE SU HIJO JESUCRISTO Y POR EL PODER  Y LA RENOVACIÓN DEL ESPÍRITU SANTO.
¿Está dispuesto a morir por la causa de Cristo? Este hombre que murió por usted… ¿está usted dispuesto a morir por Él?
“Más al que no obra, sino cree en aquel que justifica al impío, su fe le es contada por justicia” (Romanos 4:5).
Justificación es el acto de Dios por medio del cual Él declara a los que han confiado en Cristo, que son justos, así como su Hijo es justo. La salvación no se basa en nuestras obras.
¿Sabe qué es lo que Dios ve cuando mira a uno de sus hijos (as)? Él ve a Jesucristo. Algunos dirán: “¡Eso es arrogancia!” No. No lo es. Está en la Biblia. Un hijo (a) está en Cristo y, por lo tanto, Dios no puede ver sus pecados (lea 1 Corintios 1:30). Él sólo ve la justicia de su Hijo.
Justificación es mucho más que sólo un perdón. ¡Es una promoción! Dios no sólo perdona nuestros pecados. Él nos hace justos. Sólo Dios puede tomar a alguien que es culpable y declarar a esa persona justa. Es el trabajo salvador de Dios. ¿Cuál es la base de nuestra justificación? ¡Su gracia!
La próxima vez que pase frente a un espejo y alguien está con usted, comience una conversación evangelizadora: “El otro día Dios me enseñó algo acerca de mi reflejo. Cuando miramos al espejo, nos vemos a nosotros mismos. Pero cuando Dios me mira, Él ve a su Hijo.” Vea cómo la otra persona reacciona y responde.
JESUCRISTO NOS DIO UNA SALVACIÓN QUE NO SE PIERDE.
“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 Pedro 1:3).
Hay algunas personas que piensan que pueden perder la salvación. Amigo y amiga, si usted pierde o no su salvación, todo depende de cómo la obtuvo. Si usted es salvo por sus buenas obras, entonces puede perder su salvación por sus malas obras. Pero la Palabra de Dios es muy clara en este asunto. Tito 3:5 dice: “Nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, por el lavamiento de la regeneración y por la renovación en el Espíritu Santo.”
¿Cómo se salva una persona? ¡Por gracia! Y si es por gracia, entonces usted es guardado por gracia. La salvación no está cimentada en los méritos del hombre, sino única y exclusivamente en la gracia de Dios.
Alabe a Dios por el trabajo regenerador del Espíritu Santo, por la sangre salvadora de su Hijo, y por su llamado en su vida.
“Por cuanto agradó al Padre que en Él habitase toda plenitud” - (Colosenses 1:19).
¿Sabe usted por qué suceden todas las cosas? Es para traer gloria a Dios el Padre, Dios el Hijo, y Dios el Espíritu Santo. De hecho, la Palabra de Dios nos dice que Jesucristo debe tener preeminencia en toda la historia. El todo de la historia culmina exclusivamente en eso. ¿Sabe la razón por qué el mundo fue creado? ¡Jesús! ¿Sabe por qué ministra el Espíritu Santo? ¡Jesús! ¿Sabe para qué habrá un día de juicio final? Para que “toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” (Filipenses 2:11). Hitler y Hemingway lo confesarán. Buda y Mahoma lo confesarán. Ningún ser humano puede cambiar ese certísimo futuro: toda la creación reconocerá que Jesús es el Señor.
La próxima vez que alguien le pegunte por qué suceden ciertas cosas, dígales: “¡Para la gloria de Dios!”
JESUCRISTO VIVE Y PORQUE ÉL VIVE, YO VIVIRÉ Y SU AMOR ES ETERNO.
“Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en Él cree, no se pierda, más tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Un jovencito tenía dificultades viviendo la vida cristiana. Fue a donde su Pastor, quien le dijo que fuera a ver un cuadro específico en el museo. En el museo, el guía lo llevó a un gran salón, en donde el cuadro adornaba toda la pared. El joven sintió repulsión por lo que vio. Era una pintura de Cristo en la cruz, pero la perspectiva desde la cual el artista pintó, estaba fuera de balance. Lucía grotesco. El guía le dijo: “Jovencito, necesitas acercarte más.” El joven se acercó más. “Ahora necesitas agacharte.” Y el joven se agachó. “Ahora, más cerca y más abajo.” Antes de que el joven se diera cuenta qué estaba sucediendo, se encontró de rodillas al pie de la cruz, y cuando miró hacia arriba, entendió por completo la pintura total. Hasta que usted no esté dispuesto a tomar su lugar al pie de la cruz, la vida cristiana nunca tendrá ningún sentido para usted, tampoco.
Pase algún tiempo meditando en lo que Jesucristo experimentó, al sufrir la angustia, las acusaciones, la flagelación, las burlas y al final la crucifixión, como expiación por todos sus pecados.
 “Por lo cual puede también salvar perpetuamente a los que por Él se acercan a Dios, viviendo siempre para interceder por ellos” - (Hebreos 7:25).
Si usted es hijo de Dios, ¡tenemos muy buenas noticias para usted! Porque Jesús vive, usted vive. Porque usted es parte de Él y Él nunca morirá, usted nunca morirá. Jesucristo es más que un Salvador, Él es Intercesor y Sumo Sacerdote.
El pastor Adrián Rogers solía decir: “Me preocuparé de perder mi salvación, cuando Jesús muera, y ¡Él no va a morir!”
¿Dónde está Él hoy? A la diestra de Dios, “viviendo siempre para interceder por” usted.
Usted puede estar seguro en este mundo porque su salvación está arraigada en la misericordia del Padre, obtenida por la obediencia del Hijo, y hecha posible por el poder renovador del Espíritu Santo.
Por favor lea Hebreos 7:26-27 y 8:1-2.
Alabe a Dios por la provisión de su Hijo como su Salvador y Sumo Sacerdote.
“Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro” (Romanos 6:11).
Debemos considerarnos a nosotros mismos como muertos al pecado, pero vivos en Jesucristo. ¿Qué significa eso? Para muchos, el decir “considerar” significa ‘lo pensaré’. Pero en este pasaje, “considerar” es un término legal, jurídico que significa ‘contar con’ o ‘calcular’. Cuando usted se arrepintió por sus pecados y pidió a Dios que le perdonara y salvara, usted “contó” con lo que Jesús hizo en la cruz para expiación de sus pecados. Y ahora, usted depende de Su justicia. Así como “cuenta” con Él para la victoria sobre la multa del pecado, también “cuenta” con Él para la victoria sobre el poder del pecado. Considérese muerto al pecado y vivo en Dios.
¿Quiere caminar victoriosamente hoy? Entonces repita lo siguiente durante todo el día: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, más vive Cristo en mí, y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a Sí mismo por mí” (Gálatas 2.20). Muera para sí mismo, y viva para Cristo.
QUE BUENO ES DIOS Y NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO AL JUSTIFICARNOS.
“Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento” (Isaías 64:6).
No existe ni uno bueno. Ni uno solo. Si usted pidiera a cada ser humano en el planeta tierra que ponga en una taza todas sus cosas buenas, no habría en esa taza ni siquiera lo suficiente para salvar a una sola persona.
Isaías 64:6 dice que “todas nuestras justicias son como trapo de inmundicia” a los ojos de Dios. La cruz de Jesucristo es nuestra única esperanza. Sin Jesús, usted tendrá que enfrentar la ira de Dios. Jesús pagó la deuda de su pecado que la justicia de Dios requiere, y ahora, como Su hijo, usted comparte Su justicia.
En 1906 Jessie Brown Pounds escribió estas palabras: “Necesito ir al hogar por el camino de la cruz; no hay ninguna otra forma, sino ésta. Nunca podré ver las puertas de luz, si es que pierdo el camino de la cruz.”
¿Cómo se ve a usted mismo, este momento? ¿Digno? ¿O indigno? ¿Qué es lo que dice Juan 3:36, 5:24 y Romanos 3:23-26?
“Más por Él estáis vosotros en Cristo Jesús, el cual nos ha sido hecho por Dios sabiduría, justificación, santificación y redención” - (1 Corintios 1:30).
La iglesia no es una organización con Jesucristo como presidente. La iglesia es un organismo con Jesucristo como su cabeza. Estamos en Él, y Él está en nosotros. La victoria que Él ganó en la cruz fue para nosotros. Cuando Jesús fue a la cruz, no estaba peleando una batalla para Él mismo. Él no necesitaba vencer a Satanás. Él peleó en representación suya. Jesús se hizo el “hijo del hombre”, para que usted pueda llegar a ser “hijo de Dios.” Él llevó sus pecados para que usted pudiera tomar Su inocencia. Él se hizo culpable, para que usted sea absuelto. Él fue inundado con desesperación, para que usted pudiera ser lleno de gozo. Él tomó su vergüenza, para que usted pudiera tomar Su gloria. Él sufrió los dolores del infierno, para que usted conozca los goces del cielo.
        Tanta gente piensa que la salvación viene “de adentro hacia fuera”, al pedir a Cristo entrar a sus corazones. Pero, ¿sabía que es igualmente correcto decir que usted es salvo “de afuera hacia adentro”? Lea Colosenses 3:3: “Porque habéis muerto, y vuestra vida está escondida con Cristo en Dios.” Su salvación está “en Cristo”, en la misma forma en que Noé fue salvo por estar “en el arca”. Pídale a Dios que le ayude a comprender estas verdades hoy.
“Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos” - (Mateo 16:19).
Muchos de nosotros que estamos orando por nuestros familiares, amigos y vecinos no salvos, estamos pidiendo en nuestras oraciones en la forma equivocada. Estamos diciendo: “Oh, Dios, ayúdales para que vean”. Pero ellos están ciegos y no pueden ver.
Segunda Corintios 4:3 y 4 dice: “Pero si nuestro evangelio está aún encubierto, entre los que se pierden está encubierto; en los cuales el dios de este siglo cegó el entendimiento de los incrédulos, para que no les resplandezca la luz del evangelio de la gloria de Cristo, el cual es la imagen de Dios.”
Debemos primero atar al “cegador”. No estamos en guerra contra carne y sangre. Estamos en guerra contra Satanás mismo y nunca penetraremos en su casa, sino hasta que primero lo atemos.

Pídale a Dios que ponga a los cautivos libres. Que ocasione que ellos se arrepientan y crean en su Hijo Jesucristo. Pídale que le dé a usted un espíritu de oración, y que le otorgue Su valentía y pasión para testificar a los perdidos.

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