viernes, 1 de enero de 2016

EL PODER DEL EVANGELIO EN NUESTRAS VIDAS Y EN LA VIDA DE OTROS.

EL PODER DEL EVANGELIO EN NUESTRAS VIDAS Y EN LA VIDA DE OTROS.
El poder del evangelio.
Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación. Romanos 1:16.
Las personas quieren cambiar. Toda publicidad se basa en la presuposición de que las personas quieren que las cosas sean diferentes de la manera en la que son. Quieren verse mejor, sentirse mejor y vivir mejor. Quieren cambiar su vida pero, salvo desde un punto de vista externo, no pueden hacerlo.
Solo el evangelio de Jesucristo tiene el poder de transformar a las personas y librarlas del pecado, de Satanás, del juicio, de la muerte y del infierno. Hechos 4:12 dice: "Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos". Y ese nombre es Jesucristo.
Así que la Palabra de Dios, que es toda acerca de Jesucristo, puede hacer por nosotros lo que no podemos hacer por nosotros mismos. Somos pecadores y no podemos remediar nuestra condición, pero de Dios viene el poder increíble e ilimitado que puede transformar nuestra vida.
UN BUEN COMIENZO Y UN FINAL BUENO PARA EL SER HUMANO. Génesis 1.
La creación de todas las cosas; la creación de Adán y Eva; la tentación por Satanás; Adán y Eva se rebelan contra Dios y pierden el huerto de Edén.
Dios creó la humanidad a Su imagen y en Su semejanza. Él nos hizo diferentes a todos los animales que Él creó, pues cada uno de nosotros somos seres trinos, con un cuerpo, un alma, y un espíritu. «Dios es Espíritu; y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que adoren» (Juan 4:24). Ningún animal tiene un espíritu, ni está consciente de Dios, ni tiene la capacidad de adorar a Dios.
«Tomó, pues, Jehová Dios al hombre, y lo puso en el huerto de Edén, para que lo labrara y lo guardase» - (no para ser dueño) (Génesis 2:15). El hombre tenía la responsabilidad de obedecer la Palabra de Dios, y de cuidar el huerto. Sin embargo, Dios permitió que el amor, la lealtad y la obediencia de Adán fuesen probados.
En el huerto de Edén somos introducidos a Satanás, el cual vino enmascarado como «la serpiente» (Génesis 3:1). También se le llama «el diablo . . . el enemigo . . . vuestro adversario . . . el que los acusaba» (Apocalipsis 20:2; ver Isaías 14:12; Mateo 13:39; I de Pedro 5:8; Apocalipsis 12:9-10). Satanás no se reveló como el enemigo de Dios o como el engañador e inicuo, que viene con la intención de destruir cada gozo humano. Su intención fue, y sigue siendo, impedir que el hombre obedezca a su Creador. Primeramente, Satanás trató de crear dudas sobre la verdad que Dios les había declarado. Él les quiso insinuar a Adán y a Eva que Dios estaba negándoles los mejores bienes de la vida. Por eso, Satanás les preguntó: «¿Conque Dios os ha dicho: No comáis de todo árbol del huerto?» (Génesis 3:1). Después, siguió con sólo una parte de la verdad de lo que Dios les había declarado, lo cual se convierte en una mentira: «Sino que sabe Dios que el día que comáis de él, serán abiertos vuestros ojos, y seréis como Dios, sabiendo el bien y el mal». (Génesis 3:5). En ese momento, Eva escogió confiar en sí misma en vez de en Dios, y empezó a «codiciar» lo que solamente le pertenecía a Dios y a desatender la autoridad y la mayordomía de Dios. «Y vio la mujer que el árbol era bueno para comer, y que era agradable a los ojos, y árbol codiciable para alcanzar la sabiduría» (así ella decidió entrar sin derecho a la propiedad de Dios) « . . . y tomó de su fruto, y comió» (Génesis 3:6).
Eva se rindió a la codicia cuando deseó lo que Dios había reservado para Sí mismo. En ese día, Adán y Eva, el padre y la madre de toda la humanidad, decidieron comer del fruto prohibido. Ellos pecaron y murieron espiritualmente. Desde ese momento en adelante, todos los descendientes de Adán heredaron su naturaleza pecaminosa. «Así la muerte pasó a todos los hombres. . . » (Romanos 5:12).
JESUCRISTO ES EL CAMINO, LA VERDAD Y LA VIDA…

El único camino al cielo es por medio de Jesucristo.

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