lunes, 5 de junio de 2017

¿A CUÁL GENERAL VAMOS A SEGUIR?

¿A CUÁL GENERAL VAMOS A SEGUIR?
Por Carlos Rey.
El General Tsao Tsao iba delante de su cansado regimiento de soldados. La marcha era larga y sólo él iba a caballo. Los soldados estaban desalentados y tenían mucha sed debido al intenso calor que los agobiaba. De repente el general, divisando el panorama desde lo alto de su montura, les dijo: «Puedo ver un frondoso jardín con una fuente de agua y frutas en abundancia.» Con esto los hombres recobraron el ánimo y aligeraron el paso; pero transcurrió una hora sin que llegaran al anunciado jardín. La verdad era que no había ningún jardín. Se habían dejado engañar, y terminaron más desconsolados y sedientos que nunca. Su general los había engañado.
Esta anécdota la cuenta la señora Chang Kai-Chek en su libro titulado Hablando con Dios. La pregunta que muchos se harán acerca de la conducta del general es: A la hora de la verdad, ¿qué importó que engañara a sus soldados con tal de lograr los objetivos que perseguía? ¿Acaso el fin no justifica los medios?
La respuesta la encierra la pregunta misma, que da por sentado que habrá una «hora de la verdad». Con sólo decir: «A la hora de la verdad», reconocemos el hecho de que tarde o temprano se sabe si algo es verdad o mentira. Y todos estamos conscientes de que sólo el ingenuo se deja engañar la segunda vez por la misma persona. Por eso se dice: «Si me engañas una vez: ¡qué vergüenza la tuya! Si me engañas dos veces: ¡qué vergüenza la mía!»
Esta vida es una marcha que a veces se vuelve larga y forzosa; nosotros somos los soldados bajo las órdenes de un general. Pero a diferencia de los soldados de Tsao Tsao, nosotros no tenemos que seguir forzosamente a ningún general, sino que podemos escoger a qué general vamos a seguir. Sin embargo, hay sólo dos generales a los que podemos seguir; el uno digno de confianza y el otro no. El uno es Dios; el otro es el diablo.
Ahora bien, Dios nos creó con libre albedrío para decidir a cuál de los dos seguir: a su Hijo Jesucristo, o a su archienemigo Satanás. Cristo dice la verdad porque Él es la verdad misma. En cambio, el diablo miente porque no puede hacer otra cosa que mentir. Cristo mismo lo califica de «padre de la mentira», que «cuando miente, expresa su propia naturaleza, porque es un mentiroso».1.
En vez de seguir al general que nos promete un oasis en este mundo, y a la hora de la verdad nos conduce a ese desierto que es el infierno, ¿por qué no seguir al que nos advierte que este mundo es un desierto en el que sufriremos aflicciones,2. y a la hora de la verdad nos conduce a ese oasis que es el cielo? De hacerlo así, no tendremos que pasar la vergüenza y el horror de ser engañados dos veces por el enemigo de nuestra alma.
1         Jn 8:44. Vosotros sois de vuestro padre el diablo, y los deseos de vuestro padre queréis hacer. El ha sido homicida desde el principio, y no ha permanecido en la verdad, porque no hay verdad en él. Cuando habla mentira, de suyo habla; porque es mentiroso, y padre de mentira.
2         Jn 16:33. Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he vencido al mundo.
SU AMOR ES INCONDICIONAL, A ÉL SEGUIREMOS.
Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito, para que todo aquel que en él cree, no se pierda, más tenga vida eterna. - Juan 3:16.
La biblia relata que uno de los malhechores que estaba colgado junto a Jesús lo insultaba diciendo: - Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros.
Respondiendo el otro, lo reprendió, diciendo: - ¿Ni siquiera estando en la misma condenación temes tú a Dios? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; pero éste ningún mal hizo.
Y dijo a Jesús: - Acuérdate de mí cuando vengas en tu Reino.
 Entonces Jesús le dijo: - De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.
La respuesta que tuvo Jesús superó las esperanzas de este hombre, porque le dijo: “Hoy estarás conmigo en el paraíso”. Posiblemente el malhechor esperaba una salvación futura, pero Jesús le prometió llevárselo ese mismo día.
Este acto refleja la gracia de Dios, que es su amor, su favor inmerecido para con este pecador y para todo aquel que lo reconoce como su Salvador.
Lo que ninguna persona ha sido capaz de hacer hasta ahora, Dios lo hizo por todos aquellos que recibimos su Palabra con un corazón arrepentido y humillado. Él borra nuestras faltas: “Yo, yo soy el que borro tus rebeliones por amor de mí mismo, y no me acordaré de tus pecados” (Isaías 43:25) y nos ofrece el privilegio de empezar una nueva vida. No tiene más en cuenta nuestros pecados, sino que los olvida; y por su gracias, a menudo borra algunas consecuencias: “De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es, las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas” (2 Corintios 5:17)
El camino más corto para llegar al trono de la Gracia Divina, es reconocer que soy pecador, que lo necesito y que haga por mí, lo que yo no puedo hacer con mis propias fuerzas.
La salvación es gratuita, no podemos hacer nada para adquirir el favor de Dios; solo debemos recibirla por medio de la fe, como un don que proviene de Él y agradecérselo cada día.
Salvación, gracia, amor, esperanza, cruz.
Autor(a) Brisna Bustamante S.
Sub Coordinadora Call Center.


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