lunes, 28 de diciembre de 2015

EL SERVICIO A DIOS DEBE SER NUESTRA PRIORIDAD.

SERVIRLE  A DIOS ES UN CASO DE VIDA O DE MUERTE.
Vida o muerte. O por vida o por muerte. Filipenses 1:20.
El apóstol Pablo no conocía los detalles del plan de Dios para su vida, pero confiaba en Él, ya significara vida o muerte. Más adelante dijo "De ambas cosas estoy puesto en estrecho, teniendo deseo de partir y estar con Cristo, lo cual es muchísimo mejor; pero quedar en la carne es más necesario por causa de vosotros" (vv. 23-24). Pablo prefería el gozo de estar en la presencia de Cristo en el cielo, pero al parecer pensaba que el Señor le permitiría vivir porque sabía que los filipenses lo necesitaban.
Pablo se regocijaba porque sabía que Cristo sería exaltado en su vida o en su muerte. Si vivía, estaría en libertad para predicar y edificar la iglesia. Si moría, sería ejecutado por el nombre de Cristo, y su fe constante serviría de trofeo de la gracia de Cristo. A Pablo no le importaban sus dificultades, sus detractores, y ni siquiera la posibilidad de su muerte, sino que se siguiera predicando el evangelio y se glorificara al Señor.
Al igual que Pablo, usted no conoce los planes específicos de Dios para su vida. Pero algo de lo que puede estar seguro es que, en la vida o en la muerte, usted puede glorificar a Cristo.
Juan 14:3: “Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a Mí mismo, para que donde Yo estoy, vosotros también estéis.”
Es el día después de la Navidad. Las luces en el árbol parecen estar un poco opacas puesto que la anticipación del día ya ha pasado. ¿Alguna vez se ha sentido así concerniente a su caminar con el Señor? Bien, permítame darle algunas buenas nuevas, mi amigo (a). ¡Lo mejor está por venir! Es cierto. El día de la Navidad ha pasado, pero el día de la resurrección llegará pronto. Y no hablo de la Pascua. Es decir, la segunda venida de nuestro Señor es eminente en el horizonte. Él regresa. Y eso no es sólo algo placentero, sino que es una verdad cimentada en la Palabra de Dios. ¡Jesús viene otra vez!
EL USO QUE HACE USTED DE SU VIDA.
El mejor uso de la vida.
Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia. Filipenses 1:21. Personalice el versículo de hoy llenando los espacios en blanco "Porque para mí el vivir es __________, y el morir es __________". Si usted puso riqueza en el primer espacio, el morir no es ganancia, sino pérdida. Lo mismo puede decirse si usted escogió prestigio, fama, poder o posesiones, ya que ninguna de esas cosas permanece después de la muerte: se pierde el prestigio, se olvida la fama, el poder es inútil y otros se quedan con las posesiones. Para que el versículo de hoy tenga sentido como lo escribió Pablo, solo Cristo puede llenar el primer espacio en blanco. De otra manera, la muerte es inevitablemente una pérdida.
Algunos que lean esto dirán que pusieron a Cristo en el espacio en blanco. Pero si lo piensan bien comprenderán que lo que en realidad quisieron decir fue Cristo más la riqueza, Cristo más el poder o Cristo más las posesiones. Cristo no puede compartir el primer espacio con ninguna otra cosa. Los que verdaderamente viven para Cristo no tienen temor alguno de la muerte y hacen el mejor uso de la vida, glorificando a Cristo en ambos casos.
POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS.
Un Trabajo fecundo.
Si el vivir en la carne resulta para mí en beneficio de la obra. Filipenses 1:22.
El apóstol Pablo consideraba que estar vivo en el mundo físico es sinónimo de trabajo fecundo para Cristo. Su empleo de la palabra "obra" se refiere a su trabajo espiritual para el Señor, que da frutos espirituales. Pueden verse los frutos espirituales en las personas, en las obras y en las palabras; en todo lo que sea de valor eterno. Esa clase de frutos resulta del trabajo arduo, que es la actividad natural de los santos en la tierra.
Pablo tenía un gran deseo de dar fruto. Quería que los filipenses confiaran en Cristo y fueran fortalecidos para la evangelización (Fil. 1:26-27). Nos recuerda al salmista que dij "Oh Dios, me enseñaste desde mi juventud, y hasta ahora he manifestado tus maravillas. Aun en la vejez y las canas, oh Dios, no me desampares, hasta que anuncie tu poder a la posteridad" (Sal. 71:17-18). Ese anciano quería vivir bastante tiempo para declarar el poder de Dios a la próxima generación. ¡Qué Dios le conceda a usted ese mismo privilegio!


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